No fue el primer navegador web, pero sí el primero en usarse de forma masiva. En efecto, el 22 de abril de 1993 se lanzaba al mercado Mosaic, un desarrollo que demostró al mundo en qué podía convertirse aquello de la World Wide Web. Este navegador gráfico lo cambió todo, y fue la semilla de numerosos proyectos que como Netscape o Internet Explorer acabarían siendo parte de nuestras vidas a mediados y finales de los años 1990. Cerca de cumplirse 31 años de aquel lanzamiento, y eso merece recordarse. Cuando Tim Berners-Lee ideó la web en su despacho del CERN se dio cuenta de que necesitaba una aplicación para aprovechar la magia de los hiperenlaces. En su libro 'Weaving the Web' explicaba por ejemplo cómo el primer navegador que apareció, llamado —cómo no— WorldWideWeb, era una versión que permitía visitar sitios web en modo texto. En agosto de 1991 publicó una versión de ese navegador para NeXT, y al poco tiempo aparecería Erwise, el primer navegador web gráfico, desarrollado por estudiantes de la Universidad de Tecnología de Helsinki en abril de 1992. Pronto surgirían otras alternativas como ViolaWWW, Midas o Lynx, el navegador en modo texto de la Universidad de Kansas con el que algunos dieron sus primeros pasos en la red de redes. Ninguno de ellos logró cuajar demasiado, pero fue entonces cuando un proyecto en el National Center for Supercomputing Applications (NCSA) de la Universidad de Illinois provocó la gestación de un nuevo navegador web gráfico. ¿Quién se encargó de aquel proyecto? Puede que el nombre os suene: un joven estudiante llamado Marc Andreessen —con su pelo aún intacto— se puso a trabajar en ello con otro compañero llamado Eric Bina. Según Berners-Lee, éste último fue el encargado de programar aquel navegador, mientras que Andreessen se centró en recolectar ideas, publicar las versiones preliminares, tomar en cuenta los comentarios y sugerir nuevas características. De aquel esfuerzo nacería Mosaic, un navegador que se hizo público en febrero de 1993 para luego aparecer en su primera versión estable, Mosaic 1.0, el citado 22 de abril de 1993. Aquel navegador fue todo un éxito, y aunque se desarrolló inicialmente para Unix pronto apareció en otras plataformas como Windows y Mac OS. Andreessen vio allí un filón y se fue del NCSA en 1994 para fundar Mosaic Communications junto a Jim Clark y un equipo de desarrolladores que habían trabajado en aquel proyecto en los pasados meses. Sin embargo en el NCSA le demandaron: no podía usar ese nombre. Andreessen llegó a un acuerdo con esta institución y cambió el nombre de su empresa. Nacía Netscape. Como explicaban en The Register, la influencia de Mosaic fue más allá. Eric Sink, trabajó en un navegador para la empresa Spyglass, y en ese desarrollo se usaban ciertas tecnologías (pero no código) de la NCSA. El resultado de aquel esfuerzo acabó atrayendo el interés de Microsoft, que licenció aquella tecnología y la usó como base para aquel Internet Explorer 2.0 que estaba incluido en Windows 95. Aquella primera versión de Mosaic que apareció hace 25 años tenía particularidades importantes. En su simplona interfaz había un campo de direcciones, pero no se podía escribir en él: teníamos que introducir la URL desde el menú "File -> Open URL". También pasó a la historia la célebre animación del icono con la Tierra y un par de 'satélites' girando mientras se cargaban las páginas, un componente visual prodigioso que acabó formando parte de una u otra forma de todos los navegadores y aún hoy sigue haciéndolo, aunque con menor notoriedad. Otro de los elementos que se mantuvo desde entonces fue la sección de marcadores, que en Mosaic eran una lista llamada 'Hotlist'. Aquella versión original lógicamente no tenía soporte para los estándares que usamos actualmente en la web, lo que haría difícil cargar algunas páginas actuales. Por ejemplo, nunca llegó a ser capaz de renderizar imágenes PNG, aunque si era capaz de hacerlo en los muy comunes JPEG y GIF. El lenguaje para documentos web que interpretaba se corresponde con HTML 2. Pero como todo tiene su final, en enero de 1997 se abandonó oficialmente el desarrollo de este navegador. Nosotros hemos probado con Wayback Machine, que permite emular distintos navegadores antiguos y cargar páginas de archivo de sitios web actuales. Lo cierto es que ver la web "con esos ojos" es sorprendente. Un viaje al pasado de la web, desde luego.
Desde su llegada al mercado el pasado mes de septiembre, el Apple Watch Ultra se ha convertido en un objeto de deseo para muchos, además de haber elevado el techo de los tope de gama en el sector de los smartwatches de una manera más que considerable. Grande en tamaño, con su caja de 49 milímetros que alberga una pantalla OLED Always-On de 1,93 pulgadas, y también en funciones y prestaciones, como se dio a conocer el día de su lanzamiento, es indudable que Apple quiso ir a lo grande con su nuevo reloj. No todo lo relacionado con el Apple Watch Ultra es positivo, claro. Desde el altísimo coste de reparación si no tienes contratado AppleCare+ hasta los problemas que se están produciendo con Crash Detection (aunque esto último no solo afecta a este modelo), ningún dispositivo es perfecto, y menos aún en su primera generación. No obstante, esto no parece ejercer efecto disuasorio entre la legión de personas más que interesadas, pese a su más que elevado precio, que parte de los 999 euros. Debemos recordar, no obstante, que el Apple Watch Ultra no está dirigido, al menos en principio, al gran público. Apple ya aclaró, en su presentación, que se dirige especialmente a profesionales del deporte (ya se dediquen profesionalmente a ello o lo hagan como actividad particular), que necesitan un dispositivo cuantificador, de seguimiento y de asistencia para sus actividades deportivas. Basta con comprobar no tanto sus especificaciones como sus funciones, para comprobar que efectivamente es así. Aunque claro, igual que hay personas que se compran un todoterreno para moverse por la ciudad (y están en su legítimo derecho, obviamente), podemos dar por sentado que ocurre lo mismo con el Apple Watch Ultra. Dado que de momento solo se ha presentado la primera generación, no tenemos certeza alguna sobre si Apple lo renovará de manera anual, igual que hace con el Watch Series o si, por el contrario, lo espaciará un poco más en el tiempo. Si nos basamos en los iPhone Pro y Ultra podemos pensar que optará por la primera opción, pero claro, el de los smartwatches es un mercado bastante distinto al de los smartphones, uno en el que los usuarios no cambian de dispositivo con tanta frecuencia. Seguramente, no obstante, los rumores nos sacarán de dudas antes de llegar a la presentación de los Watch Series 9. Sea como fuere, lo que sí que nos cuentan ya las filtraciones, que podemos leer en Digitimes, es que Apple está preparando el 2024 un Apple Watch Ultra más grande y con pantalla MicroLED. La elección de ese año para su lanzamiento se debería, principalmente, a que la compañía espera una reducción de precio en los paneles MicroLED. Recordemos que la principal diferencia entre MiniLED y MicroLED tiene que ver con el tamaño de los leds, que en las pantallas mini es de entre 100 y 200 micras, mientras que en las micros son de menos de 100 micras. Así, los planes de Apple son que el Apple Watch Ultra del 2024 tenga una pantalla de 2,1 pulgadas, por lo que hablamos de un incremento de casi el 10% y, por lo tanto, del primer Apple Watch con una caja de un tamaño superior a los 50 milímetros.Sea como sea, debemos recora que se trata de las primeras filtraciones y hasta que llegue ese año de seguro tendremos más novedades al respecto.
El 30 de noviembre del 2022 asistimos a un terremoto de cuyas consecuencias seguramente hablaremos dentro de treinta años: Fue el día en que ChatGPT se hizo público. Ya se conocía las capacidades de las tres primeras versiones de GPT, pero la interfaz conversacional con memoria supuso la sacudida. Ser completamente gratuita, con usos ilimitados, ayudó a disparar su fama en sus primeras semanas de vida. Y ahora que OpenAI ya ha dado a conocer sus intenciones de lanzar una suscripción de pago para ciertos tipos de uso y consultas ilimitadas, es el momento de repasar su historia, porque dio un gran giro que está cerca de culminar. Cuando nació en el 2015, OpenAI se declaró como ‘una organización sin fines de lucro’. De hecho esa declaración se puede seguir leyendo en el artículo publicado por la empresa en su blog corporativo en el que se presentaba a sí misma: “OpenAI es una empresa de investigación de inteligencia artificial sin fines de lucro. Nuestro objetivo es hacer avanzar la inteligencia digital de la manera que sea más probable que beneficie a la humanidad en su conjunto, sin las limitaciones de la necesidad de generar retorno financiero. Dado que nuestra investigación está libre de obligaciones financieras, podemos centrarnos mejor en un impacto humano positivo”. El párrafo es bastante elocuente, pero por si hay dudas, en el texto original, en inglés, para la frase en negrita usa el término "non-profit". Una empresa non-profit, legalmente, puede generar ingresos, también al margen del logrado por donaciones y patrocinios. Sin embargo, no puede dedicar los beneficios de su actividad a ningún tipo de reparto entre sus socios u otros tipos de fines personales, sino únicamente al propósito de la empresa. El estatus non-profit sirve para tener ciertas exenciones fiscales, pero bajo el compromiso de no privatizar los beneficios. En el caso de OpenAI, los posibles beneficios que llegasen algún día deberían ser destinados íntegramente a continuar "haciendo avanzar la inteligencia digital de la manera que sea más probable que beneficie a la humanidad en su conjunto". Pero en el 2018 todo empezó a cambiar. Fue cuando la empresa publicó una carta en la que anticipaba su intención de dejar de ser una non-profit. Según supimos luego gracias a un revelador artículo de Karen Hao en MIT Technology Review, desde el 2017 se barruntaba internamente la necesidad de cambiar el formato de la empresa, hacia un modelo más amigable con su necesidad de acumular dinero rápidamente. El motivo, la imposibilidad de seguir financiando unos recursos que se duplicaban cada tres o cuatro meses. ChatGPT es impactante, pero también es un trabajo acumulado de años que ha ido disparando sus costes. Aquella carta fue tan sutil que no solo el público general interesado en OpenAI se dio cuenta del cambio que estaba planteando. Ni siquiera muchos de sus empleados lo hicieron. Ingeniería semántica que culminó en marzo del 2019, justo unos meses antes de que Microsoft invirtiese 1.000 millones de dólares en la empresa. Para entonces, OpenAI había pivotado como estructura a una capaz de lograr unos beneficios limitados artificialmente: cada socio "solo" podrá recuperar su inversión... multiplicada por cien. Un límite bastante generoso para el inversor. Por poner un símil: los inversores de WhatsApp obtuvieron un retorno de cincuenta veces su inversión cuando esta fue vendida a Facebook por 22.000 millones de dólares. El listón está el doble de alto en OpenAI, quien siempre se mostró apática cuando le preguntaban por su futuro modelo de negocio, por sus planes para pasar de un proyecto altruista a algo capaz de generar dinero. "No tenemos ni idea, nunca hemos generado ningún ingreso, no tenemos ni idea de cómo podremos generarlos algún día", respondía Sam Altman, CEO de la empresa, en el 2019. El mencionado acuerdo con Microsoft incluyó una adaptación de los servicios de OpenAI para que pasasen a ejecutarse en Azure, su dedicación a la construcción de esta nube y sus distintas tecnologías de Inteligencia Artificial, y lo más interesante de todo: el papel de socio preferente que asumió Microsoft para cuando llegase la comercialización de las tecnologías de OpenAI. De aquellos polvos llegaron lodos como la integración de DALL•E 2 en Bing... y lo que está por venir con una API que llegará a todas partes. El año comenzó con la filtración de las intenciones de Microsoft respecto a OpenAI: invertir otros 10.000 millones de dólares en ella, para una valoración total de 29.000 millones de dólares. ¿Un precio elevado? Puede, pero la compañía espera alcanzar los 1.000 millones de dólares facturados para 2024. ¿Una inversión elevada? Puede, también. Pero es el 5% de lo que Microsoft facturó en el 2022. Y obviamente: ¿quién sabe dónde está techo de OpenAI? ¿Cuánto negocio será capaz de generar para dentro de cinco años? Y esa es la foto actual. Una empresa que ha pasado bajo el radar del mundo fuera de la industria tecnológica o los más interesados en Inteligencia Artificial y de golpe, tras lanzar una interfaz conversacional que ha disparado las expectativas, se enfrenta a la idea de convertirse en una máquina de generar dinero como quizás nunca imaginaron en sus inicios, cuando apostaban por el non-profit y simplemente ni sabían cómo ingresarían su primer dólar. Ahora, multitud de empresas de capital riesgo están invirtiendo en OpenAI, según explica Axios. Sequoia, Tigers Global, Founders Fund... Empresas que también querrán ver un retorno de su inversión. Eso sí, limitada a un múltiplo de cien. Sus empleados, especialmente los que forman parte de OpenAI desde su fundación, están viendo cómo la empresa non-profit para la que trabajaron durante años bajo unos ideales específicos ahora está buscando ser vendida por 29.000 millones de dólares para la riqueza de su fundador, no para los fines que declaraba cuando ellos llegaron. De fondo, una Microsoft que ganará pase lo que pase porque ha jugado sus cartas mejor que andie. Si GPT triunfa (y seguimos deshojando la margarita hasta que llegue GPT-4, mucho más prometedor que lo visto hasta ahora), Microsoft se aseguró ser parte de ello en el 2019. Y si ejecuta sus intenciones filtradas actuales, más aún, ya que se aseguraría un 75% de los beneficios de OpenAI hasta que recuperase su inversión. Luego continuaría manteniendo un 49% de participación. Y si GPT pincha, Microsoft habrá mantenido a raya a un rival a un coste asumible. Porque la verdadera batalla entre grandes de la IA es contra Google. Precisamente The New York Times ha dado a conocer que la compañía de Mountain View, que hace aproximadamente un mes declaró un “código rojo” por el avance de ChatGPT, está preparando una veintena de aplicaciones basadas en IA para hacer frente al chatbot viral de OpenAI del que todos hablan. Pero esa será otra guerra, de la cual nos ocuparemos más adelante ¿Vale?.
Lenovo ha aprovechado los reflectores del reciente CES 2023 para anunciar una nueva remesa de dispositivos. En efecto, en la categoría de tablets, además de la Lenovo Smart Paper, el fabricante asiático ha presentado la Lenovo Tab Extreme, una propuesta que pretende no pasar desapercibida gracias a su tamaño y rendimiento. Estamos hablando de un dispositivo de 14,5 pulgadas con una pantalla OLED 3K (3000 x 1876) capaz de reproducir la gama de colores DCI-P3 y con una frecuencia de refresco de hasta 120 Hz. Pero la pantalla no es el único punto fuerte, Lenovo asegura que se trata de la tableta más potente lanzada hasta la fecha. A nivel interno, el corazón de la Lenovo Tab Extreme es el MediaTek Dimensity 9000 de ocho núcleos. Se trata, nada más y nada menos, que de uno de los procesadores más destacados de la marca durante el año pasado. Uno de sus puntos fuertes frente a los de Qualcomm ha sido su rendimiento y eficiencia. En este sentido, la nueva tablet de Lenovo se beneficia con potencia suficiente como para realizar una amplia variedad de tareas de ocio y alcanzar una autonomía de hasta 12 horas. Para conseguir esta experiencia, el dispositivo también integra de ocho altavoces de 4 canales JBL de alto rendimiento. Obviamente, Lenovo no se ha olvidado del apartado fotográfico, aunque, como suele ocurrir en la categoría tablets, no nos encontramos con un exceso de megapíxeles. La cámara frontal es de 13 MP, con sensor RGB y campo de visión ultra-wide. La cámara trasera, por su parte, está integrada por un sensor de 13 MP y uno de 5 MP. Si hablamos de conectividad, nos encontramos con un puerto USB-C 3,2 Gen1 que permite cargar el dispositivo, ofrece carga inversa e incluye la función DisplayPort Out. También hay un puerto USB-C 2.0 que también nos permite cargar la tableta, realizar carga inversa y utilizar la función DP-in. Además, hay encontramos una ranura micro-SD. La tablet también tiene otras características interesantes como sensor de huella en el botón de encendido, compatibilidad con el lápiz Lenovo Precision Pen 3 (incluido en la caja) y con el teclado Lenovo Tab Extreme y la funda Lenovo Tab Extreme Folio Case, que se venden por separado. En cuanto al sistema operativo, los usuarios recibirán su tablet con Android 13, pero Lenovo promete que garantizará tres actualizaciones del SO. Asimismo, los parches de seguridad se extenderán durante cuatro años. Finalmente, en relación a su coste y disponibilidad, la multinacional china ha anunciado que su nueva tablet Lenovo Tab Extreme estará disponible “previsiblemente” a partir de marzo del 2023, mientras que el precio de salida será de 1.199 euros.
Atrapada en deudas, la red social de Elon Musk atraviesa momentos sumamente difíciles. En efecto, ser una de las personas más ricas del mundo no significa que puedas ir al banco y sacar 44.000 millones de dólares para comprar una red social. La adquisición de Twitter es un claro ejemplo de ello. El multimillonario tuvo que vender parte de su participación en Tesla, recurrir a fondos de inversión y solicitar varios préstamos bancarios para financiar la operación. En un escenario ideal, la compañía debería generar los suficientes ingresos como para seguir creciendo y hacer frente al pago de la deuda. Lo cierto es que la realidad de Twitter, según informa Financial Times, es muy diferente. La controvertida gestión de Musk ha espantado a los principales anunciantes de la red social, por lo que su planes para volverla rentable están en peligro. Los detalles finales del acuerdo de financiación se desconocen, pero personas relacionadas a la compra de Twitter aseguran que se acerca la fecha límite para efectuar el primer pago de un préstamo de 13.000 millones de dólares. En concreto, estamos hablando de 1.500 millones de dólares anuales en intereses que la empresa debe transferir a un grupo de bancos liderado por Morgan Stanley. Ahora bien, los balances de la compañía arrojan datos poco alentadores. Según Zoë Schiffer de Platformer, los ingresos publicitarios diarios, en comparación al año pasado, están un 40% abajo. Pero los problemas no acaban ahí. De acuerdo a The Information, más de 500 de los principales anunciantes de Twitter han dejado de invertir dinero en anuncios en la red social. Toda esta situación se puede comprender mejor si tenemos en cuenta que gran parte de los ingresos de Twitter provienen de la publicidad. Esta es un pilar muy importante para la salud financiera de la compañía, que ha visto como marcas como Volkswagen, United Airlines, Eli Lilly, Pfizer y Mondelez, se han distanciado alegando, entre otras cosas, el incierto rumbo que ha tomado con el desembarco de Musk. Un punto importante en todo este asunto es que la deuda está vinculada con Twitter a nivel corporativo, por lo que el incumplimiento de sus obligaciones impactaría directamente en la compañía con un variado abanico de consecuencias. Una de ellas, entrar en el club de las compañías NCAA (No Coupon At All) que no han cumplido ni siquiera con el primer pago de sus intereses de deuda. En el peor de los escenarios, Twitter podría acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de EE.UU., es decir, declararse en bancarrota. Por consecuencia, daría comienzo un largo y tedioso proceso de reestructuración. Sin embargo, si el panorama no cambia en lo inmediato, Musk todavía podría echar mano de su patrimonio personal vendiendo acciones de Tesla. Por lo pronto, el empresario se ha apresurado a recortar gastos limitando la cantidad de dinero invertido en la infraestructura en la nube de Twitter, despidiendo a una gran cantidad de personal, eliminando la comida gratis y hasta comprando menos suministros para los baños. Además, ha intentado renegociar la mayor parte de los contratos de alquiler de oficinas e, incluso, cancelar algunos de ellos. ¿Será suficiente para revertirlo?
Quizá Nokia no sea la referencia en móviles como lo era antaño, pero sigue siendo icónica. Tras una travesía por el desierto en forma de Windows Phone, la marca regresó a los smartphones para convertirse en el exponente de Android One. Y el Nokia X30 5G es el último ejemplo de toda esa experiencia acumulada en el tortuoso camino. De entrada, promete. La otrora reina de los móviles basa la estrategia actual en desarrollar teléfonos lo más ecológicos posible. Tal y como queda patente en todo lo que envuelve al Nokia X30 5G, desde el embalaje hecho al completo con cartón a la construcción del teléfono con materiales reciclados, la apuesta por la sostenibilidad es firme. Con otro detalle: Nokia planta veinte árboles con cada compra. Ahora bien: intenciones ecológicas aparte, que forman parte del marketing, ¿cómo se comporta el Nokia X30 5G? El teléfono hace gala de una construcción envidiable en lo que respecta al cuerpo: aluminio con una procedencia mayoritariamente reciclado. Al menos, el X30 5G destaca especialmente en el plano ecológico. Esto se aprecia en el citado aluminio y en la cara trasera de policarbonato reciclado que apenas retiene las huellas. Pese a la reutilización de los materiales, el tacto y el aspecto son los de un móvil de gran categoría, tanto a la vista como en mano. Más allá de las buenas intenciones con la construcción, lo cierto es que el Nokia X30 5G destaca por fuera. Aparenta notable resistencia,es sólido, no resbala en exceso gracias a la cara trasera de policarbonato y molesta ligeramente en el agarre debido a los cantos rectos. Estos bordes mantienen una ligera curva, detalle que reduce la incomodidad en mano, pero el ancho y diagonal del Nokia X30 juega en contra de la ergonomía. No es pequeño, tampoco gigante. Las 6,43 pulgadas de diagonal que atesora la pantalla no elevan en exceso las dimensiones del teléfono. En cuestión de tecnología, Nokia apuesta por un panel AMOLED de buena calidad que parte con una temperatura algo fría de serie (puede personalizarse en «Equilibrio de blanco»). Ligeramente saturada (no admite personalización) y con una tasa de refresco que alcanza los 90 Hz. El brillo es suficiente, el contraste y los ángulos de visión son altos y ve penalizado el desplazamiento de los menús, incluso a 90 Hz (el procesador tiene bastante de culpa). El Nokia X30 5G Ofrece un apartado sonoro que sobresale por encima del visual, tanto reproduciendo audio como grabándolo. Se echa en falta el jack de 3,5 mm, también un doble altavoz estéreo (por el precio, disponer de un solo altavoz no nos parece justificable). Buen sonido en auriculares Bluetooth y compatible con una gran cantidad de códecs; opción a conectar un cable al USB C (dispone de salida analógica, el cable no necesita DAC) y con la siempre bienvenida radio FM; audio estridente a máximo volumen con el altavoz externo y presión sonora de hasta 110 dB (medido en el propio teléfono). Como sistema de protección biométrica, el Nokia X30 5G ofrece un lector de huellas óptico bajo la pantalla que no termina de funcionar todo lo bien que debería: es algo lento y cuesta que reconozca el dedo a la primera. Además, el móvil ofrece reconocimiento facial con la cámara delantera; menos seguro, pero bastante cómodo. En ambos casos, el proceso de desbloquear la pantalla suele tardar menos de un segundo. El Nokia X30 5G es un gama media algo básico con un traje de gama superior, éste podría ser el resumen: el Snapdragon 695 no es un procesador para un móvil que cuesta más de 500 euros, tanto sobre el papel como en la práctica. En cuanto al apartado fotográfico del Nokia X30 5G, este destaca por su cámara principal de 50 megapíxeles con objetivos estabilizado mediante OIS. En cuestión de hardware no plantea problemas sobre el papel, aunque en la práctica el procesado no es todo lo bueno que debería. Y es una lástima, porque tanto la cámara como el software de captura son competentes. Hemos de reconocer el hecho de que Nokia prescinda de sobrecargar su teléfono en lo que respecta a las cámaras: las esenciales y listo, nada de incluir macros de relleno ni sensores de profundidad. Sí podríamos echar en falta un teleobjetivo, aunque entendemos que no se encuentre disponible dentro del elenco de capacidades. Aparte de la cámara principal de 50 megapíxeles, el Nokia X30 5G se acompaña de un sensor de 13 megapíxeles con objetivo gran angular. Finalmente, en relación a la grabación de vídeo mantiene una calidad ajustada como tónica general, aunque el Nokia X30 5G permite optimizar la grabación incluso aplicando ajustes profesionales. Modo cine de buena calidad distinguido con la grabación de audio espacial de OZO, ofreciendo una grabación superestable y registro a un máximo de 1080p y 60 fps. No cabe duda que al precio que sale al mercado y la feroz competencia que tiene en ese segmento, el Nokia X30 5G está arriesgando mucho.