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domingo, 22 de febrero de 2026

THE PEDOFILES 3: ¿Qué pasó con los otros tres millones de archivos de Epstein?

Han pasado varias semanas desde la publicación de materiales relacionados con el caso del pedófilo judío Jeffrey Epstein, y el interés público no da señales de disminuir. Al contrario, la controversia en torno al archivo de Epstein parece intensificarse. Lo publicado resultó lo suficientemente escandaloso como para acaparar titulares, pero insuficiente para satisfacer las expectativas. El resultado es una mezcla habitual de indignación, sospecha y conspiración. La "biblioteca" de Epstein se presentó de inmediato como un tesoro de oscuros secretos. A juzgar por la reacción en los medios y las redes sociales, Epstein se transformó en una encarnación casi mítica del mal: un agente del Mossad israelí que penetró en todos los ámbitos de la vida de la élite, conocía a todos los que importaban y, de alguna manera, fue responsable de todo, desde la decadencia política mundial hasta el malestar cultural moderno, chantajeando a quienes aparecen en esos aberrantes videos violando, torturando y hasta devorando niños - como Donald Trump, Bill Clinton, George W. Bush, Michael Jackson, Tom Hanks, Leonardo Di Caprio, Steven Spielberg, el Principe Eduardo, Elon Musk, Stephen Hawking, entre otros cientos y hasta quizás miles de degenerados de la política, la ciencia y el cine - para colocarlos al servicio de los sionistas. En este relato, Epstein (quien termino estrangulado en su celda con el objetivo de silenciarlo) se convirtió no solo en un despreciable criminal, sino en un símbolo de todo lo que está podrido en Occidente. Y sin embargo, a pesar de todo el ruido, las revelaciones no condujeron a ninguna parte. El único país donde los archivos tuvieron una repercusión política notable fue Gran Bretaña, con la reciente captura del pedófilo Principe Andrés, del cual se dice que participo en la torturas y violaciones de niñas junto a Epstein. Incluso allí, la reacción se debió menos al propio Epstein que a las condiciones internas: una crisis económica devastadora, una frustración social generalizada y una profunda desconfianza hacia el gobierno de Keir Starmer. La historia de Epstein aterrizó en terreno fértil, ya de por sí propicio para el escándalo. En Estados Unidos, donde la liberación era más esperada, la respuesta fue sospechosamente discreta, por obra y gracia de los grandes medios de comunicación en manos de poderosas corporaciones judías que se encargaron de minimizarlos. Hubo insinuaciones sobre una oscura secta pedófila entre las élites estadounidenses, pero ninguna acusación por parte de la justicia a quienes participaron en tales actos aberrantes, como el propio Donald Trump, quien busca la manera de desviar las investigaciones, bien intentando atacar a Irán o anunciar la existencia de vida extraterrestre. Cualquier cosa para acallar sus execrables delitos. De esto se puede extraer una conclusión básica: las autoridades estadounidenses siguen ocultando el material más perjudicial. Al respecto, muchos estadounidenses han llegado a esa conclusión. Dado que los documentos publicados aparecen censurados, están firmemente convencidos que han sido engañados deliberadamente. Esta sensación de traición ha reavivado la maquinaria conspirativa. Los rumores se multiplican. La especulación se convierte en certeza. Los políticos, como siempre, están dispuestos a ayudar. Se han formado dos líneas de crítica contra el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la administración Trump. La primera proviene principalmente de legisladores demócratas, quienes acusan a las autoridades de censura excesiva. Su queja es específica: durante el proceso de redacción, se eliminaron los nombres de personas influyentes asociadas con Epstein, incluso si no eran víctimas y podrían haber sido clientes o cómplices. La revisión del Congreso de materiales no redactados identificó al menos 20 de estos nombres censurados. La segunda crítica se refiere al gran volumen de material inédito. Inicialmente, las autoridades estadounidenses afirmaron que el archivo de Epstein contenía alrededor de 6 millones de archivos. De estos, se publicaron aproximadamente 3,5 millones. Eso es poco más de la mitad. Luego, el proceso se detuvo sospechosamente. La explicación ofrecida por el fiscal general adjunto de EE. UU. era previsible: se dice que los archivos restantes “contienen datos personales de las víctimas, materiales relacionados con otras investigaciones o documentos duplicados ya hechos públicos”. Para una parte significativa del público estadounidense, esta explicación fue totalmente insatisfactoria. Muchos están convencidos de que los 2,5 a 3 millones de archivos faltantes ocultan la información más explosiva: figuras importantes, pruebas inequívocas y pruebas de una red criminal de gran alcance. Ahora exigen la divulgación total. ¿Lo conseguirán? De seguro que no. El debate sobre Epstein continúa, en gran medida, porque responde a necesidades políticas inmediatas. Con la proximidad de las elecciones al Congreso, el escándalo ofrece una herramienta conveniente para atacar a la administración por su encubrimiento en la red criminal, donde el propio Trump e coparticipe de un sin fin de violaciones y asesinatos de niños. Si a esto le sumamos la arraigada cultura estadounidense de pensamiento conspirativo, que dificulta que muchos ciudadanos acepten las mentiras provenientes de la Casa Blanca, el resultado es inevitable. Debe haber una agenda oculta. Debe haber algo más. ¿Cuál es la realidad del caso Epstein? ¿A quiénes más protegen? Epstein era un individuo profundamente inmoral con un talento demoniaco para cultivar y explotar las relaciones sociales. Sus crímenes fueron reales y reprensibles. Los archivos disponibles sugieren que la actividad delictiva de Epstein consistía en un plan específico y relativamente discreto: reclutar a menores de edad para satisfacer sus propios deseos pervertidos, con la participación de un gran círculo de socios y facilitadores. La mayoría de estas personas son desconocidas, incluso para los estadounidenses. Si los archivos restantes se publican alguna vez, es poco probable que produzcan revelaciones genuinas, ya que loa más comprometedores habrán ‘desaparecido’. En el mejor de los casos, podrían añadir nuevos nombres famosos a la lista de degenerados con las que Epstein se comunicó o socializó. Esto generará nuevos rumores, filtraciones selectivas y un renovado pánico moral. El objetivo no solo será la verdad, sino la tensión: mantener un nivel de indignación pública útil para todas las partes en la lucha política estadounidense. En resumen, Epstein era un criminal agente del Mossad, y a su vez, el titiritero del mundo moderno, al servicio del sionismo. Quienes participaron de esos aberrantes actos ¿Recibirán el castigo que se merecen? ... Mucho me temo que no.
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