Desde su fundación en 1948, Corea del Norte tiene la desdicha de encontrarse bajo el yugo de una sangrienta dictadura comunista, que padece en manos de una misma familia, cuyos integrantes se han sucedido en el poder mostrándose cada uno más cruel y despiadado que el otro, siendo Kim Jong-un, que ocupa el cargo desde el 2011, el tercer miembro de la dinastía roja y cuyos crímenes no palidecen a los cometidos por su padre y su abuelo. Un demente que además amenaza continuamente al mundo con sus misiles nucleares. Para los norcoreanos, vivir en tales circunstancias da lugar a múltiples curiosidades que resultan difíciles de creer ¿En qué año viven actualmente? ¿Tienen Facebook? ¿Qué programas pueden ver en la televisión? ¿Y qué películas dan en el cine? Algunas cosas solo pasan en Corea del Norte. Año 110 d.K.: Mientras nosotros estamos en el 2021, los norcoreanos se encuentran en el 110. Su calendario recién comienza en 1912, año en que nació Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte y abuelo del actual déspota. Este calendario toma prestados elementos de dos calendarios históricos empleados en Corea, el sistema tradicional de los nombres de las eras coreanas y el calendario gregoriano en donde los años están ligados al nacimiento de Jesús. El calendario fue adoptado por decreto el 8 de julio de 1997, en el tercer aniversario del fallecimiento del tirano; Circulo digital: En Corea del Norte no existe el internet tal como lo conocemos nosotros. Hay una red interna (intranet) llamada Kwangmyong, para que sus usuarios no puedan acceder a fuentes extranjeras. Funciona como un tipo de censura, evitando el acceso a información “no deseada”. Para mantener su sistema político y social, Corea del Norte esta desconectado digitalmente del exterior, así que en esta intranet sólo puede encontrarse información autorizada por el régimen. No es de sorprender que allí no se conozca Twitter, ni Google, ni Facebook, ni Youtube, ni Instagram; Costumbres obsoletas: A causa de la herencia comunista, Corea del Norte ha copiado viejos modelos propios de los extintos países soviéticos. Por ejemplo, durante la época de cosecha, los trabajadores de oficina en las ciudades se desplazan al campo dos semanas a ayudar a los agricultores. Por otro lado, los norcoreanos dedican todos los viernes a hacer obligatoriamente trabajos comunitarios, como por ejemplo cuidar los jardines de las ciudades. Los sábados sirven para estudiar las enseñanzas “del amado líder” y los domingos es obligatorio asistir a los parques a rendir homenaje en familia a las grotescas estatuas de Kim Il Sung y Kim Jong -il con particular “reverencia” ya que el no hacerlo sería un grave delito que se castiga con trabajos forzados en lugares remotos para el infractor, quien desaparece para siempre junto con sus seres queridos y nunca más se tienen noticias de ellos; El estadio más grande: En Pyongyang, la triste y patética capital del país - con los más espantosos monumentos sobre la Tierra que “glorifican” al régimen - se encuentra el estadio más grande del planeta, el Rungrado May Day (el Primero de Mayo), del cual se asegura que tiene capacidad para 150.000 personas aunque algunos expertos calculan que hay 114.000 asientos. Si bien allí se presenta la selección de futbol norcoreana, mayormente es utilizado para realizar festivales propagandísticos y exhibiciones de gimnasia artística en homenaje al Partido del Trabajo de Corea; La televisión pública: En Corea del Norte sólo hay dos canales de televisión que destinan toda su programación a difundir propaganda a favor del régimen durante las escasas horas que se encuentran al aire para ahorrar energía. Los receptores están concentrados, en su mayoría, en ciudades y grandes puntos de población. Todos los televisores y transistores pasan una "revisión" para bloquearles las frecuencias que no sean las del sistema de radiodifusión norcoreana, tras la cual son precintados con una pegatina que, de ser arrancada, acarrea penas graves. Además, la televisión emplea el sistema PAL para que no sea compatible con el de Corea del Sur; Películas de Cine: Corea del Norte tiene su propia industria cinematográfica de paupérrimo nivel y, como parte del sistema de propaganda del gobierno, está dedicada a reproducir únicamente la filosofía del régimen. Igual que el resto de informaciones y productos externos, el cine extranjero está sometido al filtro de las autoridades y necesariamente debe ser chino. El resto está completamente prohibido y quien lo posea o difunda se expone a la pena de muerte; Presencia omnipresente: El culto a la dinastía Kim es absoluto. Todos los norcoreanos llevan un pin en la solapa con la cara de alguno de los tiranos: Kim Il-sung, Kim Jong-il y Kim Jong-un. Instaurado por Stalin en la desaparecida Unión Soviética, el culto a la personalidad en Corea del Norte ha alcanzado niveles repugnantes. Así, en todas las casas y lugares públicos tiene que haber obligatoriamente colgadas fotos con sus retratos, que deben estar ubicadas en la pared más importante, como para recordarles en todo momento que son vigilados; La guerra contra el sur: Oficialmente, Corea del Norte y Corea del Sur están en conflicto desde el fin de la Guerra de Corea (1950-1953). A pesar de haber acordado un armisticio, aún no han firmado ningún tratado de paz, lo cual es utilizado como un pretexto por el régimen para denunciar repetidamente “amenazas” por parte de Seúl y fortaleciendo por ello a su ejército, destinando los limitados recursos que posee en armas, mientras el país se muere de hambre. No es de extrañar que Pyongyang posea uno de los ejércitos más grandes del mundo, con un millón de soldados, y todos los habitantes reciben formación militar; ¿De vacaciones a Pyongyang? Si antes del estallido de la pandemia mundial del Coronavirus viajar a un lugar tan cerrado y aislado como Corea del Norte era muy complicado, ahora es imposible. En esa época, para ingresar en el país debía pedirse un visado especial en alguna agencia de viajes autorizada por el régimen. Una vez allí, los visitantes no podían llevar móvil y debían ir acompañados en todo momento por “dos guías turísticos” que en realidad son agentes de la policía que los vigilan en todo momento. Tampoco se podía salir del hotel ni pasear libremente por las calles para ver la espantosa realidad que oculta el régimen al exterior, porque la visita tenía un itinerario cerrado. En definitiva: los turistas solo pueden ver lo que les dejan ver. No cabe duda que vivir allí para el resto de los mortales seria una pesadilla, pero es algo que los norcoreanos siguen padeciéndolo. En una sociedad paranoica donde todos se vigilan unos a otros y padres e hijos se denuncian a la menor sospecha, es muy difícil que ello cambie en un futuro cercano. Ya van 73 años de terror comunista y nadie sabe cuando acabara ese tormento :(
Estaba al caer y ha caído. En efecto, tenemos ante nosotros al Google Pixel 5a con 5G, el terminal que coge el testigo del Pixel 4a que se presentó hace casi un año y que representa una versión algo más económica del Pixel 5 que también salió por ese tiempo. Al respecto, los rumores y filtraciones sobre este nuevo terminal eran ya numerosos, pero por fin tenemos imágenes y especificaciones oficiales para un Pixel que sobre todo destaca por la batería de mayor capacidad de los móviles de Google hasta la fecha. Los rumores ya nos habían permitido conocer el aspecto de un Pixel 5a (con 5G) que sigue las mismas líneas de sus antecesores, y en especial del Pixel 5 del que "bebe" muchas de sus características tanto externas como internas. Estamos ante un terminal que es mayor que el Pixel 5 (6,34 pulgadas frente a 6) y que también pesa más (183 g frente a 153 g), pero es ahí donde entra una de las grandes novedades de este modelo, que renuncia a algo de delgadez y peso para integrar una batería de 4.680 mAh que teóricamente dará más margen de maniobra en autonomía. El diseño destaca por esa simetría de los marcos y el característico agujero en pantalla para la cámara selfie, que está situado en la parte superior izquierda de ese frontal. En la trasera encontramos un discreto módulo de cámaras cuadrado que parece hasta exagerado para los dos pequeños sensores que encierra, y a los que acompaña el flash. El lector de huella dactilar en la parte trasera vuelve a ser seña de identidad en esa parte, mientras que en la parte baja de esa trasera nos encontramos con la pequeña "G" que deja claro la procedencia de este smartphone. Google, por cierto, ha mantenido el conector de auriculares, una buena noticia para un terminal que además cuenta con el habitual puerto USB-C para la carga y transmisión de datos. La sensación con este Pixel 5a es que llega algo tarde en todos los sentidos, ya que en esencia es un Pixel 5 con un pequeño aumento de diagonal de pantalla. El terminal mantiene el mismo SoC (Snapdragon 765G), una pantalla OLED con tasa de refresco de 60 Hz, 6 GB de RAM (eran 8 en el Pixel 5) y 128 GB de capacidad. Además de la diagonal algo mayor, este Pixel 5a gana algo en resistencia con la certificación IP67 y sobre todo con la citada batería, un 20% mayor que la que tenía por ejemplo el Pixel 4a. Las cámaras se mantienen idénticas a las que nos había planteado el Pixel 5: contamos con un sensor principal de 12,2 Mpíxeles y apertura f/1.7 que se ve acompañado por un ultra gran angular de 16 Mpíxeles que debutó el año pasado. Ambos sensores permiten aprovechar todas las opciones de las cámaras de los Pixel, incluida la astrofotografía, el modo Night Sight y ese nuevo modo Portrait Light para darle una vuelta a las fotos de retrato que sacamos. Cabe destacar que la disponibilidad de este Google Pixel 5ª desde el pasado 26 de agosto estará restringida de momento a EE.UU. y Japón, a un precio de 449 dólares, lo que suponen 50 dólares menos que el precio de venta con el que se lanzó su antecesor, el Pixel 4a 5G :)
Un correo electrónico o algo similar, quizás un foro - porque hace 30 años estos servicios poco se parecían a los de hoy- tuvo la culpa del nacimiento de Linux. En efecto, el 25 de agosto de 1991, un todavía desconocido estudiante finlandés de informática, Linus Torvalds, publicaba el siguiente mensaje en un grupo del sistema operativo Minix: “Hola a todos. Estoy desarrollando un software gratuito para equipos 386 y 486. Está en desarrollo desde abril, y en vías de estar listo. Me gustaría recibir feedback de las cosas que os gustan o no de Minix, porque mi sistema operativo se le parece en algunos puntos”. Han pasado tres décadas y aquel embrión de software se ha extendido por el mundo convertido en símbolo de la tecnología abierta y forma parte de las tripas de los dispositivos y sistemas más exitosos, como los teléfonos con Android o la nube de Amazon. Al grupo al que escribió Torvalds podía suscribirse cualquier usuario que, al conectarse, recibía esa especie de correo o nueva entrada en un foro. El estudiante de informática estaba trabajando en el núcleo de un nuevo software porque Minix era incompatible con el ordenador 386 que acaba de comprarse, pero necesitaba la ayuda de más desarrolladores. Por ese entonces, el código libre, la publicación del contenido de estos programas, no era precisamente tendencia en el sector. Los sistemas del momento, como MS-DOS de Microsoft (estándar en PC), Unix (distribuido entre universidades estadounidenses) y Minix, guardaban bajo llave sus secretos. Necesitaban una licencia. Los dos últimos permitían ver el código fuente, pero no modificarlo ni mucho menos distribuirlo. Torvalds estimuló la creatividad de la comunidad. Enseguida recibió comentarios, propuestas, líneas de código y un sinfín de iniciativas para confeccionar un nuevo sistema operativo. El movimiento de software libre, fundado por Richard Stallman y del que surgió, por ejemplo, el compilador GNU, veía el fruto del trabajo realizado durante los ochenta. Linux comenzaba una nueva era informática, basada en la colaboración entre usuarios y el código abierto. Una filosofía determinante en la consolidación del proyecto al permitir que un desarrollador adaptara una interfaz gráfica dispuesta en ventanas, llamada Sistema de Ventanas X y similar a Windows. Ello fue clave porque llamó la atención de muchísima gente. El cambio trajo consigo unas cuantas guerras. Unas, personales. Torvalds y Andrew S. Tanenbaum, creador de Minix y conocido como el padre de los sistemas operativos, diferían en cómo desarrollar este tipo de programas. Para Tanenbaum debía mantenerse en un proyecto de investigación. Incluso respondió al mensaje inicial de Torvalds asegurando que desconocía dónde se metía. Otras, comerciales. Linux nunca pudo ganar la batalla de los ordenadores personales. Microsoft impuso su dominio con Windows. Y eso que en las facultades de casi todo el mundo se expandía como la pólvora. Libraron una pugna entre estilos de vida. Diferentes formas de comprender la informática. Alternativos y defensores del código abierto contra la imposición de la industria. Se crearon hasta juegos en los que el pingüino Tux, símbolo de Linux, lanzaba tartas a la cara de Bill Gates, fundador de Microsoft. Mientras avanzaba el proyecto, nadie tenía claro cómo llamarlo. Torvalds pensó que sería buena idea jugar con el significado de la palabra inglesa free (gratuito y libertad). Resumía adecuadamente las características del sistema operativo. Sin embargo, los primeros disquetes donde guardó el software, los enormes de cinco y cuarto, iban con una etiqueta que ponía freaks. Al final, ni uno ni otro. Como poca gente podía instalar estos disquetes, los archivos se alojaron en un servidor de transferencia de archivos, los llamados FTP. Hacía falta un nombre. El administrador decidió bautizarlos como Linux. Luego de tres años del famoso mensaje en Minix, el sistema alcanzó la funcionalidad plena. El mayor problema: no llegaba al público generalista. Su implantación se mantenía en aquella aparente caverna oscura de informáticos amantes del código abierto. Pero se hizo la luz con las distribuciones. Así surgieron compañías como Debian, Canonical y Red Hat, encargadas de desarrollar, mantener y distribuir libremente Ubuntu, Fedora o Manjaro, nombres de los sistemas más populares basados en Linux. Aunque había perdido al usuario medio, este empujón le dio acceso a empresas, administraciones públicas y centros educativos a partir de mediados de los noventa. La comunidad había evolucionado tanto el producto que las versiones del 93 y del 94 venían con el explorador de internet Netscape integrado (precursor de Mozilla Firefox). Propiedades bien distintas a las de Windows 95, que se adentraba en casi todas las casas sin contar con su luego mítico Explorer (ahora Edge). Aunque también es cierto que internet solo existía desde 1991. Linux encara la treintena como ejemplo de ciclo vital. Pasó su infancia en pleno aprendizaje, una adolescencia en crecimiento y llega a la madurez completamente asentado. No dominará los ordenadores personales, pero lo demás le pertenece. La esencia de proyecto indie, a contracorriente, se mantiene; aunque ha alcanzado cotas propias del mainstream. Además de en el sistema Android y la nube de Google, se encuentra detrás de la gran mayoría de servidores donde se alojan las páginas web y hasta Facebook confía la seguridad de su sistema en este software libre. Incluso el FBI o La Casa Blanca han migrado sus infraestructuras digitales a Linux. Y la lista sigue. Servicios críticos de electricidad, coches, electrodomésticos, identidad digital… La industria ha aceptado con creces la “locura” de Torvalds :)
Luego de lanzar el Sony Xperia 10 III el pasado mes de abril, Sony ha decidido darle un hermanito con especificaciones más modestas y el apellido Lite. Su nombre es Sony Xperia 10 III Lite y, por el momento, el terminal se queda en Japón, tierra natal de Sony. El smartphone conserva la ya clásica pantalla 21:9 que Sony lleva años implementando en sus móviles. También comparte gran parte de su ficha técnica con el Sony Xperia 10 III, siendo las principales diferentes la capacidad de almacenamiento interno, la pérdida del soporte para radio FM y la compatibilidad con eSIM. Como indicábamos anteriormente, el Sony Xperia 10 III Lite es muy parecido al Sony Xperia 10 III. Los terminales tienen el mismo acabado en la parte trasera, de forma que encontramos una espalda muy limpia con el módulo de cámaras en la esquina superior izquierda. El lector de huellas, como viene siendo costumbre, está en el lateral derecho integrado en el botón de inicio. La pantalla es un panel OLED Triluminos Display de seis pulgadas con resolución FullHD+ (2.520 x 1.080 píxeles), lo que se traduce en 457 píxeles por pulgada aproximadamente. Está protegida por Gorilla Glass 6y, según Sony, es capaz de reproducir hasta mil millones de colores. También es compatible con contenido HDR. Bajo el capó encontramos un procesador Snapdragon 690 5G, que es de los más recientes de Qualcomm para esta gama. Dicho procesador incorpora ocho núcleos a una velocidad máxima de 2 GHz y una GPU Adreno 619L. Es el mismo procesador que el Xperia 10 III Lite. La RAM es de 6 GB, pero el almacenamiento interno baja de los 128 GB del Xperia 10 III Lite a 64 GB, si bien es cierto que se puede ampliar con tarjetas microSD. La cámara también es exactamente la misma, por lo que tenemos un sensor principal de 12 megapíxeles, un gran angular de ocho megapíxeles y un telefoto con zoom óptico de dos aumentos de ocho megapíxeles. Es curioso, desde luego, que un terminal de este precio tenga telefoto. Los selfies, por su parte, quedan en manos de una cámara de ocho megapíxeles. También tenemos la misma batería (4.500 mAh con carga rápida de 30W), el mismo sistema operativo y todo lo relacionado con la conectividad, salvo por dos cosas: el Xperia 10 III Lite no tiene radio FM, pero gana soporte para eSIM. Por lo demás, exactamente el mismo móvil. En cuanto a su coste y disponibilidad, el Sony Xperia 10 III Lite ha sido lanzado en Japón a través de diferentes retailers como Rakuten Mobile o Mineo. En Japón estará a la venta a partir del 27 de agosto con un precio de lanzamiento de 46.800 yenes, unos 365 euros al cambio. Cabe destacar por último, que solo se podrá conseguir en una versión de 6/64 GB en color blanco, negro, azul y rosa :)
Como sabéis, los talibanes - aquel grupo terrorista que acaba de humillar a los EE.UU. en Afganistán- sorprendieron al mundo recuperando en poco más de diez días el control del país. Tras varios días de un avance imparable, y mientras los medios internacionales clamaban por el oscuro futuro que les espera a los afganos, decenas de imágenes de talibanes entrando en Kabul corrían por las redes sociales. No obstante, a los esperados fotogramas típicos de cualquier conflicto bélico le sustituyeron escenas de combatientes armados montando en coches de choque, comiendo helado o haciendo ejercicio en gimnasios. A su vez, en una rueda de prensa con una imagen cuidada al detalle, hablando en inglés y ante cámaras de varios países, Zabihullah Mujahid, portavoz de los talibanes asombraba a la opinión pública con un cínico mensaje de “concordia” mientras los milicianos se daban a la tarea de buscar casa por casa a los colaboracionistas del régimen caído para liquidarlos. El mismo grupo fundamentalista que dos décadas atrás prohibió a sus ciudadanos utilizar todo tipo de tecnología, ahora hace gala de ellas para hacer llegar su mensaje al mundo, en una inesperada estrategia propagandística. Los llamados talibanes 2.0 parecen estar adoptando un pragmatismo comunicativo que no tuvieron durante los años 1996 y 2001, cuando gobernaron Afganistán bajo un férreo régimen y donde las imágenes de sus propios líderes eran una incógnita, con escasas apariciones públicas. Hoy, conscientes del poder que les puede aportar la internet, los talibanes se dirigen al exterior por primera vez, en un giro de 180º grados de su estrategia comunicativa. Al respecto, diversos analistas advierten que que los talibanes están "en un momento de transición en el cual lo que buscan es no llamar excesivamente la atención en términos negativos y eso les ha llevado a realizar una estrategia de comunicación de crisis intentando presentar una imagen más positiva de ellos, aunque en el fondo sigan siendo los mismos asesinos. Los talibanes se han dado cuenta de que en esta fase, mientras los ojos y la atención está en Afganistán, tienen que mandar ese mensaje de ‘moderación’, tanto desde el punto de vista de las formas como del fondo, lo cual es una farsa" añaden. Para los expertos, lo más significativo de esta situación es la intención que tienen estos mensajes y el público al que está dirigido. La primera diferencia que podemos establecer es que inicialmente su destinatario en los años noventa era la población que vivía en esa región, mientras que ahora se están preocupando también por convencer al público occidental. "Están tratando de lanzar un mensaje de confianza a los gobiernos occidentales para que no se inmiscuyan a corto plazo dentro de la política afgana y también, evidentemente, para no generar miedo o mala prensa entre la sociedad occidental" aseguran. Este interés por usar las redes sociales e internet para cambiar su nefasta imagen ha sido una constante desde el inicio de la ofensiva talibán. Los mensajes y vídeos de apoyo que han circulado por redes sociales en las últimas semanas pueden parecer espontáneos, pero están más organizados de lo que cabría esperar en un grupo que históricamente ha renegado de la tecnología. Según una investigación publicada por The Times, desde el nueve de agosto han aparecido más de 100 nuevas cuentas y páginas en Twitter y Facebook relacionadas con los talibanes. Además, perfiles en redes sociales de personalidad del grupo terrorista que habían permanecido inactivos durante meses o años, reactivaron su actividad en las últimas semanas. Pese a que durante mucho tiempo los talibanes se comunicaban con el mundo exterior a través de países con los que tenía relación, como Pakistán, o haciendo llegar mensajes a medios como Aljazeera, ya hace años que comenzaron a usar plataformas como Twitter, Facebook o YouTube para propagar su mensaje. Precisamente, el medio digital Vice recogía hace unos días las declaraciones de un portavoz talibán a AFP en el 2019: "No estamos en contra de la tecnología moderna... Esta es la necesidad del momento y su uso no está en contra de la Sharía islámica". Otro factor importante es la penetración de internet en Afganistán, que demuestra como la campaña a través de estos canales poco tiene que ver con el afgano de a pie. En Afganistán, el uso de internet está en torno al 15% de la población y sobre todo en su capital, Kabul. "No hay que confundir la capital con el resto de Afganistán. Kabul no deja de ser un espejismo y sobre todo el de los últimos 20 años, que ha vivido ocupada por las tropas estadounidenses para sostener al régimen títere por ellos implantado, así como de agencias de cooperación, de algunas empresas…pero el Afganistán real; el interior; el rural, no tiene absolutamente nada que ver con eso. En el interior del país no necesitan internet para hacer propagada. Hay un porcentaje no despreciable de la población que apoya a los talibanes (…). Al resto de la población que no concuerda con ellos la propaganda va orientada al terror o el miedo" afirman los expertos. "Seguramente cuando Afganistán desaparezca de la agenda (de los medios) los talibanes se quitaran la careta y la estrategia va a volver a la que tenían: muy poca propaganda exterior, como mucho a los Estados con los cuales pueda tener una relación más estrecha y en el interior una propaganda armada y del terror, ya que para ellos el terrorismo es esencialmente una acción de propaganda, que se resume en aquello de mata a uno y asusta a 100.000" indican. Por otro lado, el uso que hacen los talibanes de estas formas de comunicación poco o nada tiene que ver con otros grupos terroristas, como ISIS o Al Qaeda. Una diferencia radical entre ambas organizaciones es que a diferencia de los talibanes, ISIS (una creación de la CIA al igual que Al Qaeda) pone el acento en crear una estructura comunicativa muy potente, una industria audiovisual tipo Hollywood que sustente su demencial mensaje. Asimismo, los mensajes de ambos grupos criminales son claramente distintos, ya que los talibanes tratan de moderar su discurso y adaptarse a lo que creen que en el exterior está bien visto, mandando mensajes de supuesto respeto a los derechos humanos, mientras que ISIS busca provocar terror y miedo. Además, "la pretensión de los talibanes no es tanto configurar un califato a nivel global como lo que pretendía ISIS en Siria - donde su ilusorio califato fue literalmente aplastado por toneladas de bombas y misiles rusos - rompiendo las fronteras existentes, sino que es crear un Estado que siga la ley islámica, según su interpretación, dentro de su territorio", añaden los expertos. Sobre esta cuestión, agregan además que el movimiento talibán "no pretende actuar fuera del territorio de Afganistán, lo que marca una diferencia comunicativa clara con respecto a Al Qaeda o ISIS. Estas dos últimas son organizaciones terroristas a sueldo de los estadounidenses que necesariamente necesitan dirigirse a un público mucho más amplio". Si hay una pregunta que ha surgido estos días sobre los talibanes es si realmente el mensaje que trasladan es real o no. Y los hechos demuestran que no lo son. Lo cierto es que, luego de haber implantado un gobierno que violaba los derechos humanos y que durante los últimos 20 años han realizado multitud de atentados, no iban a cambiar de la noche a la mañana ahora que han triunfado y han amenazado que si antes del 31 de agosto no se retiran todos los occidentales de Afganistán “su respuesta será terrible”. Eso demuestra que esa interesada campaña de blanqueamiento en las redes estaba destinada al fracaso. "Las plataformas como Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram u otras, si se utilizan bien tienen un efecto propagandístico, pero los talibanes tienen perdida la batalla de la propaganda en el universo de internet y en particular en redes sociales (…). Como mucho les puede interesar hacer un propaganda por redes selectiva, hacia algunos países con los cuales sí aspiran a tener mejores relaciones que les permita estabilizar el nuevo régimen" aseguran los analistas. Mientras tanto, Amnistía Intencional alertaba de una masacre perpetrada por combatientes talibanes contra hombres de la minoría étnica hazara en la provincia afgana de Ghazni, en el centro del país. Además de la persecución de la que alertan varios periodistas afganos, quienes han pasado a la clandestinidad para salvar sus vidas. No cabe duda que en la era digital, hasta las guerras parecen librarse en redes sociales, y la batalla del relato que buscaran seguir librando la internet los talibanes es una muestra más de ello :(
LG ha lanzado su línea de televisores LCD más nueva y premium en los mercados de todo el mundo. En efecto, gracias a las tecnologías de retroiluminación Mini LED y color Quantum Dot NanoCell de última generación de LG, los televisores 2021 ofrecen una experiencia de visualización impresionante con negros más profundos, reproducción de color más precisa con mayor contraste y brillo. La línea consta de modelos de las series 8K QNED99 y QNED95 junto con modelos de la serie 4K QNED90 en tamaños de pantalla que van desde las espaciosas 65 pulgadas hasta las colosales 86 pulgadas. Cabe precisar que la disponibilidad de tamaños puede variar según el mercado. Con la tecnología de color Quantum Dot NanoCell, propia de la compañía, LG QNED Mini LED marca el comienzo de una era completamente nueva en la calidad de imagen de TV LCD con colores ricos y precisos para una visualización inmersiva. Los televisores LG QNED Mini LED, certificados por la agencia internacional de pruebas de productos Intertek por proporcionar un volumen de color y una consistencia de color del 100%, también eliminan la distorsión del color en un amplio ángulo de visión, lo que garantiza que todos en la habitación puedan disfrutar de la mejor calidad de imagen LCD. LG QNED Mini LED TV incluye LED más pequeños en la retroiluminación en comparación con otras pantallas de TV de tamaño similar, lo que aumenta el brillo y las zonas de atenuación. Por ejemplo, el televisor 8K de 86 pulgadas de LG (modelo 86QNED99UPA) está retroiluminado por aproximadamente 30.000 luces LED dispuestas para crear unas 2.500 zonas de atenuación locales para ofrecer una relación de contraste 10 veces mejor que los televisores LCD convencionales. Los negros más profundos y los mayores detalles dentro de las áreas oscuras crean una mayor sensación de profundidad que hace que las imágenes parezcan más realistas. El compromiso de LG con un mañana mejor es evidente en sus productos de TV más nuevos. Los televisores LG QNED Mini LED han recibido la certificación de producto ecológico de SGS Société Générale de Surveillance SA de Suiza. Esta certificación solo se otorga a productos que cumplen con los requisitos de SGS según los estándares que incluyen bajo impacto ambiental o reciclabilidad. “LG QNED Mini LED TV representa un salto evolutivo hacia adelante, aprovechando la tecnología de reproducción de color única de LG y la retroiluminación mini LED para lograr la cúspide en la calidad de imagen LCD”, dijo Park Hyoung-sei, presidente de LG Home Entertainment Company. “Nuestra línea más reciente es un testimonio del liderazgo tecnológico de LG en el mercado de televisores premium, que es posible gracias a la mejora y al perfeccionamiento continuo de nuestros innovadores televisores OLED y QNED Mini LED” indicó. Como podéis imaginar, los precios no serán económicos. El LG QNED99 con resolución 8K parte en los 5.000 dólares en los EE.UU. (adonde ha llegado primero) con un tamaño de 75 pulgadas mientras que el de 86 pulgadas alcanza los 8.000 dólares, en tanto, el modelo más asequible, el LG QNED90 (4K), llegará a costar hasta 4.000 dólares en su versión de mayor tamaño, 86 pulgadas. Escoge el de tu preferencia :)