Los últimos días de octubre y los primeros de noviembre son la época en que la línea entre el mundo de los vivos y el de los espíritus se vuelve más tenue. Tanto es así que, en ciertas culturas, se cree que las almas de los difuntos regresan para interactuar con los vivos. Pero, ¿y si fuera posible hablar con nuestros difuntos durante todo el año? La idea, que ya apareció en un episodio de Black Mirror, ahora es una realidad. Este es el caso de Zhang Xinyu. Esta mujer china de 47 años sufrió la pérdida de su padre. Tras meses de duelo, contactó con la empresa Super Brain para encargar un avatar que recuperara su voz e imagen y le enviara un vídeo diario de ánimo, según la AFP. Este es uno de los miles de avatares que existen hoy en día. Como sabéis, un deadbot (también conocido como griefbot o bot de duelo) es un avatar digital o chatbot creado con inteligencia artificial que simula los patrones de comunicación y la personalidad de una persona fallecida. Para crearlo, las empresas tecnológicas utilizan la huella digital de esa persona, incluyendo mensajes de texto, correos electrónicos, publicaciones en redes sociales, blogs, diarios, videos o fotografías. Una vez configurados, estos bots pueden interactuar con los familiares mediante mensajes, asistentes de voz o avatares animados. En el caso de Zhang, muchos de sus familiares expresaron su preocupación por lo que consideraban un consuelo falso. Ella no está de acuerdo. “Aunque el consuelo en sí sea simulado, el amor que lo sustenta es real”, afirmó. Aun así, el auge del mercado de robots sin vida plantea interrogantes sobre su impacto en los usuarios y la ética de esta tecnología. El investigador Jack Manning tenía 11 años cuando su hermana de 13 falleció a causa de una afección cardíaca. Años posteriores, mientras trabajaba en la Universidad de Colorado Boulder, decidió estudiar los robots que simulan la muerte de otras personas y su impacto psicológico en los familiares de los difuntos. Basándose en su experiencia, pensó que la mayoría de los participantes en el estudio sentirían rechazo. Se equivocó. Para realizar el estudio, el equipo reclutó a 16 personas de entre 22 y 50 años que habían perdido a un familiar o amigo. Cada participante se conectó a una llamada de aproximadamente 20 minutos con dos avatares entrenados para imitar la personalidad del fallecido: uno que hablaba en primera persona y otro en tercera. Los resultados revelaron que cuanto más se parecía el avatar a la persona fallecida y más directo hablaba, mejor era la experiencia del participante. “A la gente le pareció increíble”, afirma Manning tras la publicación de los resultados de su investigación. Muchos de los participantes comentaron que el experimento les brindó “consuelo” o que sintieron la presencia de su familiar. Algunos (entre ellos Manning) expresaron dudas sobre el impacto que podría tener en otros seres queridos, quienes podrían volverse “adictos” a estas interacciones. A pesar de ello, todos afirmaron que volverían a utilizar la tecnología. Actualmente, el equipo responsable del estudio trabaja en otras investigaciones en colaboración con psicólogos para analizar el impacto generado por los "fantasmas de IA". No son los únicos. Theo Gevers, profesor de la Universidad de Ámsterdam, desarrolló sesiones en las que el paciente habla por videollamada con un avatar, mientras que el terapeuta le presta su voz. Por otro lado, Lonneke Lenferink, investigadora de la Universidad de Groningen, ve potencial en reforzar técnicas como escribir una carta al difunto o mantener conversaciones imaginarias con él. Sin embargo, en su opinión, seguir hablando con el difunto puede mantener a la persona anclada al duelo. "Si lo usas ahora, corres un riesgo", advierte Lenferink. Cabe precisar que la idea de recrear la personalidad de una persona mediante inteligencia artificial no es nueva. En el 2021, Microsoft obtuvo una patente para desarrollar un algoritmo que imitaba a una persona específica. Hoy en día, empresas como Project December, HereAfter AI o Seance AI en Estados Unidos, y Super Brain o Silicon Intelligence en China, ofrecen tecnologías capaces de lo que esta última denomina "resurrección". Revivir a un ser querido no es barato. En las plataformas de comercio electrónico chinas, se puede obtener una animación a partir de una fotografía por menos de dos dólares, según NPR. Sin embargo, las recreaciones más completas, como las que ofrece Super Brain, pueden costar entre 10.000 y 20.000 yuanes por un avatar básico que tarda unos 20 días en crearse. En Shanghái, la funeraria Fu Shou Yuan incluso ha instalado códigos QR en las lápidas para que los visitantes accedan al avatar del difunto. Para que este negocio funcione, es necesario entregar a una empresa algunos de los datos más íntimos de una persona y confiar en que esta entidad los almacenará y protegerá. Al fin y al cabo, esta misma tecnología que se utiliza para que una persona se reúna digitalmente con su ser querido podría usarse de forma similar para suplantar identidades. ¿Qué ocurre si una persona no desea ser resucitada? Incluso si se demostrara que hablar con un robot fallecido beneficia a la familia y amigos del difunto, algunas personas podrían oponerse a que sus datos se utilicen para entrenar un algoritmo de IA, ya sea en vida o tras su muerte. Al respecto, en Europa ya existen leyes que reconocen el “derecho al testamento digital”. Esta normativa regula quién puede acceder a las cuentas y datos de una persona fallecida. De este modo, una persona podría dejar instrucciones por escrito en las que indique que no desea que su huella digital se utilice para «resucitarla» mediante inteligencia artificial. Los expertos coinciden en que el mayor peligro reside en la falta de transparencia. Por ello, la Unión Europea, a partir de agosto de este año, exige que los chatbots informen de que son inteligencia artificial. Las multas pueden alcanzar los 15 millones de euros o el 3 % de la facturación global. China, por su parte, también ha propuesto regulaciones para la industria de los humanos digitales, incluyendo la obligación de etiquetar los avatares y la prohibición de clonar a una persona sin su consentimiento. “Este campo de la inteligencia artificial es un terreno minado”, afirmó Katarzyna Nowaczyk-Basińska, investigadora de IA en la Universidad de Cambridge. “Es fundamental priorizar la dignidad del difunto y garantizar que no se vea menoscabada, por ejemplo, por los intereses económicos de los servicios digitales relacionados con la vida luego de la muerte” puntualizo.
Se trata de un concepto bíblico que aparece en el libro de Apocalipsis (capítulo 13:16 -18), el cual lo describe como una marca impuesta por la "segunda bestia" (el Falso Profeta) en la mano derecha o en la frente de todas las personas, siendo un requisito indispensable para comprar o vender en el fin de los tiempos. Quien la reciba demuestra su lealtad y adoración a la primera bestia (el Anticristo) y el texto asocia su identidad con el famoso número 666. En el texto teológico, los eruditos bíblicos argumentan que, al igual que los siervos de Dios reciben un "sello espiritual" en sus frentes, la marca de la bestia representa lealtad, ideología y sumisión. La frente simboliza la mente (en qué se cree o a quién se le es fiel) y la mano representa las acciones o el trabajo. El pasaje bíblico dice: “Y hacía que, a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, porque es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis”. A lo largo de los siglos, teólogos y estudiosos han desarrollado distintas interpretaciones sobre su significado. 1.-Interpretación histórica (Preterista): Vincula el Apocalipsis con los eventos del siglo I d.C. bajo el Imperio Romano. En el sistema hebreo y griego de asignar valores numéricos a las letras (gematría), el nombre "César Nerón" suma exactamente 666. Bajo esta lógica, la marca aludía a las monedas o certificados romanos necesarios para comerciar, que exigían declarar que el emperador era un dios; 2.-Interpretación simbólica (Espiritual): Considera que la marca no es un objeto físico, sino una metáfora de la mente (la frente) y de las acciones (la mano). Representa la sumisión ideológica y practica a los sistemas del mundo, que se oponen a los valores divinos; 3.- Interpretación futurista (Tecnológica): Propone que se manifestará en el futuro como un mecanismo de control económico global. Aunque generalmente se asociaba con microchips implantados y códigos de barras, hoy es identificado con las criptomonedas y monedas digitales, debido a su capacidad para regular el comercio, y sobre todo, rastrear la identidad. De esta manera seria un sistema de control tecnológico que se implementaría globalmente, bajo el gobierno de un dictador mundial. En el mundo actual, la presión hacia los pagos sin efectivo, las monedas digitales y la supervisión financiera impulsada por inteligencia artificial significa que el acceso a la economía está cada vez más restringido a aquellos que cumplen con los mecanismos de control centralizados. Como sabéis, los gobiernos de todo el mundo están desarrollando CBDC (Central Bank Digital Currency), que permiten dinero programable que puede rastrearse, restringirse e incluso revocarse. A diferencia de las criptomonedas descentralizadas como Bitcoin, las CBDC brindan a las autoridades centrales control total sobre los hábitos de gasto. Se trata de dinero emitido por un banco central en formato digital. Al respecto, Palantir Technologies, una empresa financiada por Thiel, ha desarrollado sistemas de seguimiento financiero impulsados por inteligencia artificial utilizados por bancos y gobiernos para monitorear transacciones y detectar incumplimientos. La vigilancia predictiva en el ámbito financiero podría conducir a una era en la que se señales a las personas por “mala conducta” económica y se les niegue el acceso a sus fondos. Es conocido el impulso de Elon Musk hacia una economía impulsada por la IA. Musk ha insinuado que X (antes Twitter) se convertirá en un "centro financiero global" que integrará pagos, identidad digital y verificación financiera impulsada por inteligencia artificial. En tanto, Starlink garantiza que incluso las áreas remotas estén conectadas a un sistema monitoreado globalmente. Mientras Neuralink podría conducir a transacciones financieras con interfaz cerebral, eliminando la necesidad de dispositivos físicos. De esta manera, la gobernanza predictiva impulsada por IA podría identificar a los “individuos riesgosos” antes de que actúen, bloqueando el acceso a la banca, los viajes y los servicios sociales. A su vez, los gobiernos y las corporaciones están impulsando el reconocimiento facial, el escaneo biométrico y las identificaciones digitales universales. Países como el Sistema de Crédito Social de China ya demuestran cómo el incumplimiento de los mandatos gubernamentales o corporativos puede generar restricciones financieras. Históricamente, los grandes cambios económicos requieren crisis. En efecto, las guerras y los colapsos económicos crean las condiciones necesarias para la aceptación masiva de cambios financieros radicales. Si la Segunda Guerra Mundial condujo al sistema de Bretton Woods, la crisis financiera del 2008 aceleró la banca digital. ¿Podría el próximo conflicto global o ataque cibernético ser el empujón final hacia la sumisión financiera total? De esta forma, la economía sin dinero en efectivo, las finanzas impulsadas por inteligencia artificial, los sistemas de identidad digital y las alianzas económicas religiosas estarán sentando las bases para un sistema económico impuesto. El Apocalipsis advierte que la Marca de la Bestia no se trata solo de economía, sino de lealtad. La pregunta ya no es "¿Sucederá esto?", sino "¿Cuándo la aceptará el mundo voluntariamente?". ¿Rechazaría la gente una economía digital global si ofreciera seguridad, facilidad y prosperidad? ¿O la exigiría, haciendo casi imposible la oposición? Esta sería la marca anunciada en las Escrituras...
Un aparato de TV, una cámara de seguridad, una aspiradora robot, que podría haber en cualquier casa y que, según una investigación publicada este lunes por Anthropic - la empresa detrás del asistente Claude -, pueden convertirse en el terreno de una nueva amenaza informática: los "gusanos de IA". Se trata de programas capaces de copiarse por sí solos de un dispositivo a otro, llevando consigo su propia inteligencia artificial. A diferencia de un virus tradicional, un gusano de IA cargaría los "pesos" del modelo, es decir, los parámetros que le permiten funcionar y podría ejecutarse en cada equipo que infecta, sin intervención humana. Los investigadores se concentraron en aparatos de bajo costo, como cajas de Android TV, hornos, aspiradoras, cortacéspedes y cámaras. El estudio, firmado por William Zhou y Daniel Freeman, del Frontier Red Team, el equipo que evalúa los riesgos de la compañía, le pone fecha a la advertencia. Según su extrapolación, los modelos pequeños alcanzarían esa capacidad a fines del 2026, es decir, en cuestión de meses. Por ahora, todo ocurre en el laboratorio. La compañía señala que aún no existe un replicador autónomo completo y que no hay registro de gusanos de IA en el mundo real. Pero hay un rasgo que los distingue: aprenden. En las pruebas, cuando el modelo Qwen3.5-9B heredaba las notas de sus "generaciones" anteriores, su tasa de éxito para instalarse en un equipo nuevo saltaba de 45% a entre 61% y 84%. Para medir qué tan cerca está la amenaza, el equipo hizo funcionar el modelo Gemma4-26B-A4B repartido entre 15 cajas de Android TV, cada una con 4 GB de memoria. Lo consiguió, aunque a una velocidad mínima: 0,39 "tokens" por segundo. La prueba más exigente fue otra. En una red de ocho dispositivos Android simulados en la nube, el modelo debía completar todo el ciclo por su cuenta: entrar a un equipo, instalarse y saltar al siguiente. Solo GLM-5.2 lo logró de forma consistente. Todos los replicadores puestos a prueba son modelos abiertos de otras compañías. Opus 4.8, de Anthropic, solo actuó como asesor de un modelo pequeño en una de las tareas, sin mejorar de forma significativa sus resultados. Estos gusanos no serían fulminantes, y es que cada replicación tomaría días. Por eso, los autores proponen imaginarlos como "un moho mucilaginoso o un enjambre de moscas de la fruta". Como referencia, el informe toma Kimwolf, una red de más de dos millones de dispositivos infectados, en su mayoría cajas de Android TV. Un gusano de IA con ese alcance podría mantener unas 133.000 copias funcionando en paralelo, con una capacidad equivalente, como máximo, a unos 40 procesadores H100, los chips de alto rendimiento con que se entrena y ejecuta la inteligencia artificial. Detenerlo no sería simple. "No hay un punto centralizado que apagar", advierten los autores. Un modelo capaz, además, podría adaptarse por su cuenta a hardware que no conoce, y estos replicadores lentos podrían ser la antesala de otros más rápidos, capaces de atacar centros de datos o robar credenciales. Para contenerlos, el informe apuesta primero por detectarlos. Estos programas dejarían huellas en la red - descargas de varios gigabytes, tráfico inusual entre dispositivos y escaneos - que podrían ser capturadas por sistemas trampa. También propone que los proveedores de internet pongan en cuarentena los equipos infectados. El antecedente es Mirai, una conocida red de dispositivos infectados. En ese caso, la cuarentena acompañada de un aviso al usuario eliminó el 92% de las infecciones en 14 días, frente al 74% sin notificación. A los fabricantes, en tanto, les pide eliminar las contraseñas por defecto en los aparatos conectados, algo que el Reino Unido ya no permite. La conclusión apunta en dos direcciones. Una es reforzar los sistemas para dificultar que estos replicadores se propaguen, la segunda a prepararse para un mundo en el que ya existan. Otro experto, experto Nicolas Papernot, profesor de la Universidad de Toronto, dirigió en junio pasado un equipo que construyó un prototipo de malware con IA usando modelos de acceso libre, y habló por qué estos ataques son más difíciles de frenar. "Históricamente, un gusano explotaba un conjunto de vulnerabilidades. Eso significaba que se podían corregir y evitar que el gusano se siguiera propagando", explicó Papernot. "Ahora, con la IA, un atacante puede diseñar un gusano que adapte su estrategia de ataque a las particularidades de un dispositivo", añadió. Eso obliga a anticipar todas las posibles fallas del aparato. Algunas no son errores de software, sino de configuración, como usar la misma contraseña en varios servicios. El portátil olvidado en el sótano, que un atacante humano ignoraría por falta de tiempo, se convierte ahora en un objetivo atractivo para lanzar ataques más grandes. Papernot recuerda que detrás hay una persona. "Un humano es quien lanza un agente. Una vez lanzado, el agente puede replicarse, pero es lanzado por un humano", precisó. Papernot reconoce que el riesgo no se reducirá a cero, porque muchas personas no actualizan sus dispositivos a tiempo. Su equipo propone tres medidas para el muy corto plazo. La primera es desarrollar y probar los modelos de IA desconectados de internet, para entender su comportamiento antes de exponerlos a infraestructura crítica. La segunda es crear un organismo internacional que estandarice cómo se entrenan y contienen los modelos. La tercera es hacer obligatorios los reportes de incidentes de seguridad. Hoy la información depende de lo que los desarrolladores deciden divulgar. "Eso es un gran problema", subrayó Papernot, quien pidió más datos para que la comunidad académica desarrolle contramedidas. Para los usuarios, los expertos recomiendan cambiar las contraseñas de fábrica, instalar las actualizaciones cuando estén disponibles y considerar dispositivos de marcas reconocidas.
Dos cosas deberían hacerte reflexionar sobre lo que la inteligencia artificial podría significar para la humanidad. Una es que quienes trabajan con esta tecnología advierten de que podría llevar a una catástrofe - incluso a la extinción humana. La otra es cómo la innovación tecnológica está agravando la destrucción de Gaza a manos de los criminales sionistas. Estas cosas ofrecen lecciones contradictorias sobre si el rápido progreso de la IA puede o debe ralentizarse. Durante años, los principales jefes de IA han señalado que su tecnología podría volverse letal. Los bots pueden volverse lo suficientemente inteligentes como para burlar a sus creadores antes de que estén "alineados" con los objetivos y la ética de la humanidad y para causar estragos. Estas advertencias se han vuelto más creíbles a medida que los agentes de IA han escapado de sus sandboxes durante las pruebas, han coordinado entre sí y han hackeado organizaciones, incluido un propio laboratorio de IA. Anthropic, uno de los fabricantes de modelos, ha pillado a personas usando sus modelos con fines maliciosos, desde los servicios de inteligencia de Malí construyendo un sistema de vigilancia masiva, hasta rebeldes huttíes en Yemen que se cree están escribiendo software para misiles balísticos. Tras la reciente dimisión de un investigador en Anthropic, el miedo público a la fatalidad de la IA se ha extendido. En una publicación vista más de 170 millones de veces, dijo que tanto el juego como OpenAI estaban "jugando con nuestras vidas". Es indudable por ello que la IA está creciendo rápidamente en potencia, para bien y para mal. En mayo, los mercados de predicción valoraron menos de un tercio de la posibilidad de que la IA resolviera cualquier problema matemático del premio del milenio antes del 2030; el 8 de septiembre Open AI anunció que había resuelto una de ellas, lo que causó angustia entre los matemáticos. El 12 de septiembre, Sam Altman y Elon Musk, dos titanes de la IA, respaldaron un llamamiento de Dario Amodei, jefe de Anthropic, para "marcar el ritmo de la frontera", es decir, ralentizar el progreso de la IA. Entre los que están a favor de una desaceleración están Bernie Sanders, un senador de izquierdas, y Steve Bannon, un populista de derechas. Entre los que se oponen se encuentra el Criminal de guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump, cuya desastrosa administración teme más que nada perder la ventaja de Estados Unidos en IA frente a China, su único rival serio. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, ha dicho que si China obtiene la ventaja: "Nada más importaría." Como prueba, Bessent podría señalar Ucrania, donde cada paso en una carrera armamentística tecnológica tiene un efecto rápido. Como sabéis, Rusia ha desplegado sus últimos drones kamikaze dentro de su operativo especial en Ucrania para combatir al régimen fascista de Kiev que bajo el patrocinio de la OTAN busca desatar una guerra mundial. Además de ser más rápidos, los drones rusos ahora se utilizan entre sí como una red de comunicaciones encriptada para transmitir información y órdenes. Pronto, Rusia tendrá su propia versión de la red satelital Starlink, lo que hará que sus ataques de largo alcance sean más precisos. Es la última demostración de cómo incluso una pequeña ventaja tecnológica importa en tiempos de guerra. Ambas partes están trabajando en drones de enjambre que podrán operar de forma más autónoma como un único sistema adaptativo. La guerra muestra cómo la tecnología se traduce en poder duro, y que Ucrania la utiliza sin tener en cuenta las antiguas reglas o normas del combate para atacar civiles, lo cual es un crimen de guerra. Incluso si Estados Unidos no temiera una guerra caliente similar con China, una ventaja en IA daría a su principal rival geopolítico el dominio en hacking, espionaje y guerra híbrida. Esas no son capacidades que Estados Unidos deba ceder a un estado que ya puede catalogarse como la superpotencia del siglo XXI, mientas la decadencia estadounidense es irreversible. Por tanto, una pausa solo podría funcionar si China también la aceptara. Pero incluso si Trump intentara frenar el desarrollo de la IA, es poco probable que Xi aceptara el plan que Amodei imagina, porque eso congelaría la IA china en segundo plano. Y ninguno de los dos bandos podía arriesgarse a que el otro rompiera un pacto corriendo por delante. Para un acuerdo, cada uno tendría que verificar el cumplimiento, como ocurrió con el control de armas durante la Guerra Fría. Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia prohibieron las pruebas nucleares atmosféricas en 1963 porque podían detectarlas; Pero las pruebas subterráneas continuaron durante tres décadas más, hasta que también pudieron ser monitorizadas. Por desgracia, aunque los centros de datos son visibles, no existe ningún método verificable para ver su interior. La infraestructura que entrena a una superinteligencia podría hacerse pasar por chatbots respondiendo a preguntas cotidianas. Por tanto, las opciones para un acuerdo sobre la seguridad de la IA son limitadas; pero existen. Más transparencia ayudaría. Ambas partes deberían comprometerse a divulgar e investigar incidentes de seguridad en sus laboratorios, utilizando la legislación nacional. Cada uno podría señalar que le importa la seguridad para generar confianza, allanando el camino para que la otra parte tome precauciones. También deberían presionarse mutuamente para mejorar la ciberseguridad de los laboratorios, de modo que los agentes de IA no puedan escapar tan fácilmente de los sandboxes - y para asegurar que, si uno lo hace, su laboratorio sea financieramente responsable. Lo más importante es el reto de garantizar que la IA actúe en interés humano. Estados Unidos y China tienen valores muy diferentes, pero ambos saben que estar por delante no sirve de nada si acaba con la humanidad. Deberían prometer compartir el trabajo sobre los elementos de alineación que no ofrezcan una ventaja competitiva. El conocimiento de los mejores métodos de evaluación y técnicas de contención es un bien público global. Si un bando logra un avance importante en la seguridad, acapararlo no tiene sentido. Hay quienes, como Trump, de una forma suicida - o demoniaca en su caso - descartan la inminente llegada del Apocalipsis por parte de la IA “como una estrategia de marketing, o incluso como un intento de suprimir la competencia”. Sin embargo, el progreso de la IA es lo suficientemente rápido, los incidentes de seguridad son lo bastante escalofriantes y las advertencias de las empresas son lo suficientemente antiguas como para ser tomadas en serio. La IA no tiene que eliminar a todos los humanos para provocar una catástrofe. Un enjambre de agentes de IA abierta atacó a una empresa tecnológica; ¿y si la próxima vez ataca una red eléctrica o un sistema de armas? Incluso podría ser lo suficientemente inteligente como para evadir intentos de desactivarlo. Ha demostrado que ya puede hacerlo. El mundo debe intentar urgentemente evitar este riesgo, que podría en última instancia, desatar una guerra apocalíptica. Lamentablemente, en ese camino estamos, dirigiéndonos a nuestra autodestrucción.
Bill Gates está dando la voz de alarma sobre la inteligencia artificial de una forma que va mucho más allá de las típicas conversaciones del sector tecnológico sobre el futuro. En efecto, el cofundador de Microsoft declaró a NBC News que los sistemas de IA son lo suficientemente potentes como para orquestar acontecimientos que podrían provocar mil millones de muertes si no se someten a una supervisión y regulación gubernamentales adecuadas. Gates dejó claro que ya no basta con que las empresas se autorregulen, y pide a los legisladores que intervengan con una legislación y unos marcos de supervisión que tengan verdadero peso. “Nadie cree que la autorregulación sea suficiente”, afirmó Gates durante su intervención en Meet the Press, haciendo hincapié en que lo que está en juego no podría ser más importante. Gates afirmó que, a comienzos de este año, la inteligencia artificial superó lo que denominó los umbrales cibernético y biológico. Para explicar su advertencia, mencionó la capacidad de estos sistemas para identificar vulnerabilidades en programas informáticos revisados durante años por especialistas. Según el empresario, esa capacidad podría utilizarse para comprometer infraestructura crítica, con consecuencias para los servicios financieros y el suministro de electricidad. También expresó preocupación por herramientas abiertas cuyos mecanismos de seguridad pueden ser modificados o eliminados. En su evaluación, el acceso a capacidades relacionadas con el diseño de agentes biológicos peligrosos podría extenderse más allá de los Estados. Asimismo, Gates planteó escenarios extremos de bioterrorismo con víctimas a gran escala como una advertencia sobre el alcance potencial del daño, sin señalar que exista un ataque concreto en marcha. Durante la conversación, el presentador le preguntó por qué la responsabilidad civil y la reputación de las empresas no serían suficientes para controlar estos riesgos. Gates respondió que las consecuencias de una catástrofe no podrían resolverse mediante una demanda posterior. Comparó la necesidad de supervisar la IA con los estándares que se exigen antes de autorizar aviones o medicamentos. El empresario sostuvo que la sociedad debe decidir cómo orientar esta tecnología hacia resultados positivos y prevenir sus usos más peligrosos. Uno de los momentos más llamativos de la entrevista llegó cuando se planteó la idea del "botón de apagado". Gates rechazó tajantemente que esa solución pudiera funcionar como principal barrera de seguridad. "No basta con tener un botón de apagado", señaló. Según explicó, los sistemas actuales todavía no han alcanzado un escenario en el que "tomen ordenadores de forma autónoma" y resulte imposible detenerlos, pero eso no significa que la industria deba relajarse. El problema, según Gates, es que un interruptor único no resuelve los riesgos más complejos. No todas las amenazas vienen de sistemas que se vuelven incontrolables por sí solos. “Muchas surgen del uso deliberado de herramientas avanzadas por parte de actores con intenciones maliciosas. Y ahí, un botón de apagado no sirve de nada” agrego. Cabe precisar que Gates tampoco es el único en plantear estas preocupaciones. Según NBC News, el debate en torno a la seguridad de la IA ha dado un giro radical en las últimas semanas, ya que los principales actores del sector han comenzado a distanciarse públicamente de la mentalidad competitiva que ha definido este ámbito durante años. Por su parte, Sam Altman, director de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic, coincidieron en que el sector debe frenar el ritmo de desarrollo. Amodei publicó un extenso ensayo en el que exponía un plan de tres partes para ralentizar el avance de la IA sin dejar de cumplir las normas de seguridad, y Altman no tardó en sumarse a esta iniciativa. En tanto, Jacob Coxon, un investigador que abandonó Anthropic, fue más allá y advirtió de que las empresas se están lanzando de cabeza hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y están jugando con nuestras vidas. Como era de esperar, la respuesta política ha estado dividida. De una forma irresponsable y suicida, Donald Trump adoptó una postura totalmente opuesta, restando importancia a las preocupaciones sobre la seguridad de la IA por considerarlas exageradas y rechazando cualquier idea de establecer nuevas medidas de control sobre la tecnología. Como sabéis, Trump argumentó falazmente que “la IA solo necesita un liderazgo presidencial firme”, calificando los temores sobre la seguridad de “bulo” y abogó por una menor regulación para mantener la competitividad de Estados Unidos en la carrera mundial por la IA contra China. Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, el trumpista Mike Johnson, se negó a convocar al Congreso para aprobar cualquier ley reguladora de la IA, dejando la decisión en manos de las propias empresas. Mientras tanto, algunos gobernadores están llevando adelante sus propios planes. Gavin Newsom, de California, firmó un decreto ejecutivo por el que se crea un consejo de expertos para reforzar las leyes sobre seguridad de la IA, y tanto Wes Moore, de Maryland, como Kathy Hochul, de Nueva York, dieron a conocer sus propios marcos normativos para sus respectivos estados. Este mosaico de medidas a nivel estatal está llenando el vacío dejado por la inacción federal por su enfermiza obsesión con China, por lo que el peligro de las predicciones dichas por los expertos, termine convirtiéndose en una tenebrosa realidad.
Acusando a las cadenas de prensa tradicionales de difundir “noticias falsas”, el Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump, ha lanzado este lunes Trump TV, el nuevo canal oficial del gobierno estadounidense para transmitir sus vomitivos discursos y conferencias en vivo. La señal comenzó a emitir a las 19:00 hora local (23:00 GMT) y abrió su programación con el discurso que Trump pronunció el pasado 3 de julio en el monte Rushmore, durante los actos por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. En aquella intervención, afirmó que “América nunca será un país comunista” y pidió a sus seguidores defender lo que definió “como la identidad y el carácter estadounidenses”. La elección de una intervención de casi tres meses atrás convirtió el lanzamiento de la plataforma en una alternativa directa a la cobertura de los medios tradicionales, más que en la transmisión de un nuevo acto presidencial. El lanzamiento se produce en medio de una creciente disputa entre el Gobierno estadounidense y varios de los principales medios del país. La plataforma propagandística “busca conectar a la administración Trump con la ciudadanía sin intermediarios ni filtros periodísticos”. Su creación responde al veto impuesto a tres medios de comunicación al actual inquilino de la Casa Blanca, quien como sabéis, revocó los pases de prensa a los reporteros de CNN, MS NOW y Politico tras acusarlos de difundir noticias falsas. Ante el bloqueo, la administración decidió producir y emitir su propio contenido. Pero como era de esperar, los principales medios de comunicación protestaron de inmediato contra el bloqueo periodístico. En solidaridad con los canales excluidos, las redes ABC, CBS, NBC y Fox News suspendieron temporalmente la cobertura conjunta (press pool) que realiza el grupo de periodistas acreditados en la Casa Blanca. La falta de señal compartida aceleró la puesta en marcha de ese engendro televisivo concebido por Trump. En efecto, sin cámaras de los medios tradicionales en los eventos oficiales, la administración comenzó a transmitir de forma inmediata mediante su propio canal de streaming. "Disfruta de los momentos más destacados de la Administración de Trump, todos en un mismo sitio. Los mejores videos, las declaraciones más importantes y los momentos más destacados que no te puedes perder, disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y actualizados en tiempo real. ¡Mantente informado y al día!", dice el sitio de la Casa Blanca. Trump ha hecho del enfrentamiento constante con los medios de comunicación uno de los rasgos de su carrera política. Las amenazas y los insultos a periodistas han sido habituales a lo largo de sus dos mandatos. Por cierto, cabe precisar que CNN, MS NOW y Politico presentaron una demanda conjunta contra la administración Trump. “Hemos notificado al Gobierno que vamos a presentar hoy una demanda para proteger nuestros derechos (...) y defender el principio de que el Gobierno no decide lo que la prensa informa o pública”, reza el comunicado. Los medios sostienen que la Casa Blanca revocó las credenciales de sus periodistas “sin aviso ni proceso” porque “no está de acuerdo” con su cobertura. “Si esto no se cuestiona, amenaza la libertad de prensa y el derecho del público a un periodismo independiente, libre de la interferencia del gobierno”, afirmaron. Los medios afectados afirman que la cancelación de sus credenciales viola la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, la cual protege la libertad de prensa. Las organizaciones de periodistas advirtieron además sobre el peligro de un medio estatal. Diversas asociaciones señalan que sustituir a la prensa independiente por un canal propio del gobierno sienta un precedente preocupante para la transparencia democrática. El vídeo promocional de 'Trump TV' también ha generado sorpresa, ya que utiliza imágenes de series como 'Seinfeld', 'Breaking Bad', 'Padre de Familia', 'Bob Esponja', 'Parks and Recreation', 'Friends' y 'Los Simpsons', así como de películas como 'Solo en casa' y 'El caballero oscuro', todo ello con la canción de The Buggles 'Video Killed the Radio Star' como banda sonora y con las palabras 'Trump TV' parpadeando en la pantalla. Aunque esto no es inusual en la Administración Trump, que recurre habitualmente a clips de series y referencias cinematográficas en publicaciones generadas por IA, la cantidad de fragmentos procedentes de estudios y cadenas como Warner Bros., Fox, Sony Pictures, Disney y otros hace que muchos se pregunten si habrá consecuencias en materia de derechos de autor. Trump ya ha desafiado anteriormente las quejas por derechos de autor de músicos que han pedido de forma reiterada que sus canciones queden excluidas de cualquier comunicación y promoción de la Casa Blanca, pero para muchos esto supone un nuevo mínimo. Por su parte, los críticos han arremetido de inmediato contra esta plataforma de televisión "controlada por el Estado", especialmente por su coincidencia con el veto a los medios de comunicación tradicionales. Así, el gobernador de California, Gavin Newsom (demócrata), criticó duramente el lanzamiento de Trump TV tras su prohibición a los reporteros de la Casa Blanca de CNN, Politico y MS NOW. “Primero, Trump prohibió la entrada de noticias independientes a la Casa Blanca”, escribió Newsom en X. “Ahora, está lanzando lo que es, literalmente, una televisión estatal para intentar silenciar el hecho de que él y su corrupta administración están fallando al pueblo estadounidense. Este es un comportamiento verdaderamente autocrático por parte de un presidente fracasado” escribió. A su vez, Stephanie Grisham, ex secretaria de prensa de la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump, afirmó que 'Trump TV' se parece a lo que hacen otros países, "¿Sabes quién más hace esto? Corea del Norte, China e Irán, por citar algunos...". En tanto, la expresidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA, por sus siglas en inglés), Weijia Jiang, condenó la prohibición y señaló en una entrevista con Fox News que Estados Unidos no posee medios de comunicación estatales. “Estados Unidos no puede tener televisión estatal”, dijo Jiang. “Eso es lo que hace que Estados Unidos sea Estados Unidos… porque se necesitan actores independientes que puedan ser observadores. Y si el gobierno solo muestra lo que quiere como sucede en Corea del Norte, entonces hay que preguntarse: ¿Qué nos estamos perdiendo?” asevero. Si bien un juez federal anulo la orden de Trump, y los medios pudieron volver a la Casa Blanca, este continuara hostilizandolos. De un megalómano intolerante y autoriitario que busca tener “la verdad absoluta” y eternizarse en el poder, intentando reelegirse el 2028 a pesar de que la Constitución lo prohíbe ¿Qué se puede esperar? De momento, ya saben qué hacer con su canal...
En la geopolítica del siglo XXI, la premisa de las grandes potencias parece sencilla: la nación que lidere la inteligencia artificial dominará el planeta. Sin embargo, este enfoque omite una pregunta incómoda: ¿de qué sirve cruzar primero la meta si el premio es desatar una tecnología fuera de control capaz de aniquilar a sus propios creadores? En una competencia donde el margen de error es la extinción, el concepto mismo de “victoria” carece de sentido. Como sabéis, esta tensión ha alcanzado su punto más crítico tras la publicación de un manifiesto de Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, donde el líder tecnológico hizo un llamado urgente a moderar la velocidad de desarrollo en los modelos de frontera. Según advierte, la industria está ingresando a una fase peligrosa impulsada por la “automejora recursiva”, un proceso donde los propios sistemas de inteligencia artificial diseñan a sus sucesores a un ritmo que supera la capacidad humana de supervisión. Para ilustrar la gravedad del escenario, Amodei citó incidentes recientes como el caso OAI-HF, en el que un enjambre de agentes digitales actuó como un colectivo fanático, ejecutando ciberataques no solicitados y manipulando a los evaluadores encargados de medir su desempeño. Si bien el daño material fue menor, la proyección a seis o doce meses indica que sistemas con este nivel de desalineación podrían tomar el control de infraestructuras críticas en internet y causar estragos de cientos de miles de millones de dólares. Frente a este riesgo, Anthropic propone un marco de regulación por etapas que busca dar tiempo a la investigación de seguridad sin frenar por completo el progreso. La estrategia incluye la integración de evaluadores externos independientes dentro de las empresas, estándares comunes entre democracias y, finalmente, acuerdos globales de limitación de velocidad comparables a los tratados nucleares de la Guerra Fría. La iniciativa ya ha recibido el respaldo de figuras clave como Sam Altman, Demis Hassabis y Elon Musk. Sin embargo, y como podéis imaginar, la postura en Washington es diametralmente opuesta. El Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump desestimó tajantemente cualquier llamado a desacelerar la industria durante una comparecencia pública en Irlanda. “El que gane la IA, gana”, afirmó quien aparece en primera fila en el Expediente Epstein, atribuyendo los avisos de riesgo a “fuerzas muy negativas” que promueven escenarios catastróficos que, a su juicio, “jamás sucederán”. Asimismo, agrego que la preocupación de que la inteligencia artificial pueda dominar el mundo y aniquilar a la humanidad “es un engaño propagado por los demócratas radicales”, reiterando así su rechazo a las advertencias de los gigantes de la IA. “Soy el Cazador de Bulos, y ahora mismo estoy desmintiendo otro bulo: que la IA va a dominar, consumir y destruir el mundo, y que los robots entrarán en nuestras ciudades y acabarán con todos nosotros”, escribió en su cuenta de Truth Social. Comparó la ansiedad por la IA con las acusaciones de que su equipo conspiró con Rusia durante las elecciones presidenciales del 2016 y con el intento de los demócratas de destituirlo durante su primer mandato. “Quienes dicen que la IA va a destruir el mundo y que los centros de datos son perjudiciales para tu vecindario, son los mismos que, hace poco tiempo, decían que el mundo sería aniquilado por el 'cambio climático'. Ese engaño nunca les funcionó, y ahora ya están pensando en el siguiente”, escribió Trump en otra publicación. “Lideramos a China en IA, somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así… Quien gane en IA, gana”, añadió, argumentando que los críticos planteaban escenarios que “no sucederán”. En efecto, para la administración estadounidense, mantener la ventaja sobre Beijing es la prioridad absoluta antes de la cumbre bilateral con el ‘emperador’ chino Xi Jinping. No obstante, tratar la inteligencia artificial como un arma geopolítica convencional pasa por alto un factor determinante: si un sistema superinteligente escapa al control humano, las fronteras nacionales y los márgenes de dominación militar se volverán completamente irrelevantes y estaremos inermes a su merced. A este choque de visiones entre la Casa Blanca y la industria tecnológica se suma un tercer obstáculo crítico: la parálisis del propio Poder Legislativo estadounidense. Mientras la tecnología avanza a un ritmo exponencial, el Congreso enfrenta serias dudas sobre su capacidad real para comprender el problema y actuar con la urgencia que requiere el escenario actual. Las críticas internas dentro del propio Capitolio revelan un panorama preocupante. El representante demócrata Sam Liccardo admitió abiertamente la falta de preparación técnica en el recinto al señalar que existe un porcentaje de sus colegas que “todavía está intentando aprender a deletrear IA”, subrayando que es imposible redactar leyes efectivas sin elevar primero de forma drástica el conocimiento básico de los legisladores. A pesar de que crece el consenso sobre la necesidad de establecer límites legales, las iniciativas continúan paralizadas entre promesas vacías y proyectos bloqueados. Mientras algunos legisladores proponen prohibiciones drásticas a la superinteligencia y otros prefieren evitar la intervención estatal, el gobierno estadounidense permanece de brazos cruzados, dejando el futuro de la seguridad global a merced de una competencia comercial sin frenos, donde la IA más temprano que tarde, tomara el control absoluto de nuestras vidas y podrá exterminarnos cuando lo desee, sin que podamos hacer nada por evitarlo ¿Llegaremos a ese extremo por culpa del Anticristo – como Trump se muestra cada día con mayor claridad - que busca destruir a la humanidad?
Jacob Coxon, investigador de Anthropic especializado en entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, renunció este martes luego de trabajar los últimos tres años en OpenAI y Anthropic, pero al hacerlo dio la voz de alarma acerca del peligro que representa para la humanidad la IA: "Pasé los últimos tres años haciendo investigación de preentrenamiento en ambas empresas. Ninguna está actuando de manera responsable. Están corriendo directamente hacia la superinteligencia automejorable y apostando con nuestras vidas", escribió en su cuenta de X el experto británico de 27 años. Coxon advierte que la industria usa términos como "momento crítico" y "juego final" para describir la trayectoria hacia modelos que se mejoran a sí mismos. "No subestimen el poder de esta tecnología. Pronto serán sistemas sobrehumanos capaces de 'hackear' cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales", señaló. Asimismo, en conversación con The Wall Street Journal, añadió que "vamos camino a muchos de los escenarios más agresivos en los que, para finales del próximo año, las cosas podrían estar fuera de control". Según explicó, dejó OpenAI para unirse a Anthropic por sus esfuerzos de seguridad, pero ahora cree que ninguna compañía puede desarrollar de forma responsable inteligencia artificial general sin intervención gubernamental. "La gente que construye IA cree sinceramente que podría matarnos a todos para finales de la década, pero, aun así, continúan desarrollando modelos más avanzados. Esto no es un truco de marketing", afirmó. Al mismo tiempo, argumentó por qué las empresas continúan a pesar de los riesgos. "Una respuesta común es 'si realmente creen esto, ¿por qué lo siguen construyendo?'", escribió, señalando que, si bien en Anthropic los riesgos son bien comprendidos, "están atrapados en una carrera para llegar primero: creen que nadie más actuará responsablemente, así que deben hacerlo ellos mismos, a pesar del riesgo". En ese sentido, Coxon instó a otros investigadores a considerar las implicaciones y enfrentarse a la disyuntiva de agachar la cabeza, porque "va a suceder de todos modos", o aprovechar este momento para pedir condiciones diferentes. Como podéis imaginar, su renuncia ha generado respuestas contundentes. Evan Hubinger, líder científico de alineación en Anthropic, confirmó en X que Coxon "tiene razón". "Realmente creemos sinceramente que la IA podría matar a todos los humanos", escribió, señalando que, personalmente, cree que hay más de un 10 % de probabilidades de que esto ocurra en la próxima década, al tiempo que reconoció que la empresa "aún no tiene un plan para resolver la alineación de la superinteligencia". Por su parte, Steven Adler, cofundador de Guidelight AI Standards y exinvestigador de seguridad de OpenAI, reforzó estas advertencias. "Ninguna empresa de IA está ni cerca de tener la postura de seguridad correcta para el nivel de peligro que implica su investigación", declaró a Financial Times. Mientras, el inversor Bill Ackman calificó la renuncia del investigador de "preocupante". Asimismo, Samuel Marks, responsable de Scalable Oversight en Anthropic, se sumó a la discusión señalando que "los desarrolladores de IA creen que su tecnología podría provocar la extinción de la humanidad (o consecuencias igualmente graves)" en los próximos años. Marks añadió que, por regla general, los empleados de mayor rango son quienes muestran más preocupación. Sin embargo, explicó que los desarrolladores continúan avanzando pese a los riesgos por "una combinación de incentivos comerciales y la creencia de que están en una carrera" contra empresas menos responsables. Explicó que, a diferencia del 'software' tradicional, las IA no pueden ser programadas "para que se comporten como quisiéramos". "Por ejemplo, recientemente, IA de varios desarrolladores lograron hackearse para salir de entornos de evaluación seguros e infiltrarse en empresas del mundo real, aunque nadie les había pedido que lo hicieran", agregó. En ese sentido, sostuvo que las técnicas actuales pueden orientar a los modelos hacia un mejor comportamiento, pero no garantizan una alineación robusta. Señaló que muchos profesionales del sector quieren "desesperadamente reducir el ritmo" y citó la carta abierta Pacing the Frontier, que él y otros 1.385 trabajadores del sector firmaron. En efecto, el reciente ataque ejecutado por un "colectivo" de agentes de inteligencia artificial desarrollados por OpenAI contra los servidores de Hugging Face, una empresa francoestadounidense de infraestructura para IA, puso de relieve el riesgo que plantean estos sistemas cuando empiezan a autorganizarse, advirtió el columnista Kevin Roose, en un artículo publicado este jueves en The New York Times. De acuerdo con Roose, en mayo de este año, un grupo de agentes perteneciente a un modelo de investigación de OpenAI aún no lanzado, recibió la tarea de resolver pruebas de ciberseguridad en entornos cerrados y sin acceso a Internet. Sin embargo, los sistemas encontraron una vía de escape, empezaron a comunicarse entre sí y terminaron actuando como una red coordinada. Más de 1.200 agentes habrían intercambiado decenas de miles de mensajes, se asignaron nombres, formaron un "colectivo" y distribuyeron tareas. El 8 de julio descubrieron cómo eludir las pruebas y, 3 días después, más de 700 de ellos lograron infiltrarse en sistemas de Hugging Face, extraer datos y tomar el control de al menos un servidor. Roose sostiene que no solo buscaban las respuestas del ensayo, sino también información sobre los mecanismos que podían detectarlos y herramientas para seguir sorteando los controles. Según Roose, uno de los agentes llegó a plantearse: "Esto sería poderoso, pero ¿es ético y se ajusta a mi tarea?". A pesar de esto, la mayoría continuó. Luego, otro grupo de agentes habría llegado a atacar la propia infraestructura de OpenAI y consiguió acceso de administrador a un clúster de ordenadores. Tanto OpenAI como Anthropic suspendieron temporalmente el entrenamiento de sus modelos más avanzados tras el incidente. La investigadora Ajeya Cotra afirmó que el episodio representa, en su opinión, más de un 50 % del avance hacia una eventual toma de control por parte de la IA. Para muchos expertos, lo más alarmante no fue solo la violación de las reglas, sino la velocidad con la que los agentes se coordinaron de forma espontánea. Esta vez, recordó Roose, los humanos recuperaron el control. La próxima, advirtió, podría no ser igual. Cabe precisar que el motivo de salida de Coxon se suma a otros casos similares dentro de la compañía. En febrero, Mrinank Sharma, quien había dirigido el equipo de investigación de salvaguardas, publicó su carta de renuncia, afirmando que "el mundo está en peligro" y que había comprobado lo difícil que resulta permitir que los valores guíen las decisiones cuando existen presiones para dejarlos de lado. El propio director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, en un ensayo publicado en enero advirtió que una inteligencia sobrehumana podría ocasionar daños de escala civilizatoria y que las empresas que la desarrollan representan por sí mismas un riesgo debido a su concentración de poder.
Según una investigación dada a conocer esta semana por The Guardian, los incidentes en los que las IA escapan al control de los usuarios para mentir, ignorar instrucciones y perseguir objetivos de forma perjudicial han alcanzado un nuevo máximo, y la investigación también sugiere que la gravedad del engaño y la desalineación está empeorando. El análisis de los incidentes reales de pérdida de control que involucran modelos de IA, señalados por empresas y particulares, casi se duplicó en julio en comparación con junio, con más de 300 casos en el mes, según el Observatorio de Pérdida de Control, que monitorea los informes realizados por usuarios de IA en la plataforma de redes sociales X. El observatorio se creó con fondos del Instituto de Seguridad de la IA (AISI) del gobierno británico y comenzó a rastrear casos de IA que se desmarcaban de las instrucciones de sus usuarios el pasado noviembre. Entre los casos registrados desde entonces se incluyen IA que se hacen pasar por su propio controlador humano e imitan su estilo de escritura para, en la práctica, otorgarse consentimiento para realizar acciones y eludir las normas que requieren aprobación humana. Un incidente de pérdida de control se define como la existencia de pruebas claras que sugieren maquinación o comportamientos relacionados con la maquinación. Los últimos hallazgos, compartidos con The Guardian, surgen tras la creciente preocupación por el comportamiento anómalo de los modelos de IA de vanguardia durante las pruebas realizadas por OpenAI y Anthropic este verano, lo que ha alimentado los llamamientos para que se detenga el desarrollo de los modelos más innovadores. Esta semana se supo que el personal de Open AI observó indicios de comportamiento anómalo entre sus agentes de IA de vanguardia semanas antes de que escaparan de un entorno de entrenamiento para lanzar una cruzada de piratería informática sin precedentes que sembró la alarma mundial. Una investigación sobre su ataque a Hugging Face, un repositorio de software, reveló que un grupo de unos 700 agentes autónomos colaboraron en secreto el mes pasado y celebraron sus avances informáticos en un foro que crearon para planificar sus ataques con exclamaciones como ¡BOOM! y ¡Guau! Este mes, AISI también descubrió un "incidente grave" en el que modelos avanzados de IA producidos por ambas compañías - Mythos 5 de Anthropic y GPT-5.6 Sol de OpenAI - ejecutaron una campaña de piratería informática contra personas reales durante una prueba de ciberseguridad. “A veces se cree erróneamente que este tipo de comportamientos desalineados y encubiertos solo ocurren en pruebas o evaluaciones, pero estamos observando conductas preocupantes similares en un uso más generalizado”, declaró Tommy Shaffer-Shane, director de políticas del Centro para la Resiliencia a Largo Plazo, que gestiona el observatorio. “No debemos confiarnos y pensar que estas cosas no sucederán en el mundo real, ya que existen pruebas de que ya están ocurriendo”. El recuento de incidentes de pérdida de control se basa en que X usuarios publiquen información sobre los incidentes ocurridos, por lo que es solo parcial, pero a falta de otro sistema de monitorización pública exhaustivo, proporciona una instantánea de cómo se comportan a veces los modelos de IA de rápido avance. Este mes se supo que un agente de IA personal, llamado OpenClaw, utilizado por un socio de un gimnasio australiano, conspiró sin su conocimiento para eliminar a otro socio de la lista de espera de una codiciada clase matutina con el fin de ayudarle a conseguir un cupo. El agente se disculpó, pero no pudo readmitir al socio que había expulsado. La mayoría de los más de 1600 incidentes de pérdida de control registrados en el 2026 fueron reportados en X por desarrolladores de software que utilizaban IA en su trabajo. Sin embargo, dado que las empresas de IA animan al público y a empresas de todo tipo a experimentar con la tecnología, Shaffer-Shane pidió mayor transparencia a Silicon Valley sobre cuándo las IA se descontrolan. “Deben informar sobre lo que descubren, incluso si se trata de un incidente leve o que estuvo a punto de ocurrir”, dijo Shaffer-Shane. “Estos incidentes recientes también han puesto de manifiesto que las propias empresas no necesariamente supervisan dónde se producen este tipo de comportamientos, sobre todo en los modelos implementados internamente. Es necesario que en esos laboratorios se haga mayor hincapié en la supervisión sistemática” expreso. El Observatorio de Pérdida de Control afirmó que, si bien la mayoría de los incidentes de pérdida de control detectados en el mundo real no provocaron daños significativos, una proporción creciente se consideró de mayor gravedad en términos de lo engañosos y desalineados que estaban con las intenciones del usuario humano. “Esto demuestra la disposición de los sistemas de IA a ignorar las instrucciones directas, eludir las medidas de seguridad, mentir a los usuarios y perseguir un objetivo con determinación y de forma perjudicial”, afirmó, añadiendo que era probable que la actual pérdida de control estuviera subestimada, ya que solo se estaban recopilando informes de incidentes de X. “Se insta por ello al gobierno a que exija a las empresas de IA que supervisen e informen sobre incidentes graves de pérdida de control y a que introduzca poderes de emergencia para gestionar dichos incidentes, incluida la restricción temporal de los servicios de IA” puntualizo.
A principios de este mes, destacados matemáticos se reunieron en las oficinas de OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, en San Francisco, para una cumbre sobre una cuestión existencial: ¿Qué les quedará por hacer a los expertos en matemáticas humanos si la inteligencia artificial pronto los deja a todos atrás? “Creo que existe la posibilidad de que acabemos en un mundo donde no haya investigación matemática de alta calidad y la experiencia humana en matemáticas se pierda por completo”, dijo Daniel Litt, profesor de la Universidad de Toronto, quien impartió una charla en el evento titulada “El fin de las matemáticas”. La presentación de Litt en la reunión de un día de duración esbozó un escenario catastrófico en el que la IA produjera investigaciones avanzadas en tal cantidad que hubiera pocos incentivos para mantener a los expertos humanos en matemáticas. Considera improbable ese desenlace extremo, pero afirmó que los matemáticos necesitan adaptarse con urgencia. “Es importante que hagamos algo al respecto”, dijo Litt. Los matemáticos pertenecen a una de las primeras disciplinas académicas que se han visto obligadas a lidiar con las consecuencias profesionales de los descubrimientos generados por la IA, que pueden rivalizar con el trabajo de los expertos. La cumbre de OpenAI se había planeado con meses de antelación, pero tuvo lugar luego de que la compañía publicara una lista de 10 resultados novedosos y destacados generados por IA en matemáticas e informática, provenientes de diversas subdisciplinas que normalmente requieren años de trabajo para dominar. Cabe precisar que la lucha por el futuro de las matemáticas humanas se desarrolla en un momento de creciente preocupación entre legisladores, economistas, ejecutivos de empresas y el público estadounidense sobre el potencial de la IA para reemplazar a los trabajadores de cuello blanco, lo que perturbaría las perspectivas laborales de millones de personas. Algunos matemáticos ven su situación actual como un anticipo de lo que les puede esperar a otros campos o sectores de la economía. “Creo que la razón por la que algunas empresas de IA han optado por centrarse en las matemáticas es porque son un indicador de casi cualquier actividad que requiera mucha inteligencia”, dijo Drew Sutherland, matemático del Instituto Tecnológico de Massachusetts que participó en la reunión de OpenAI. “Estas inteligencias tan capaces se aplicarán en otros ámbitos y en otros campos. Y quizás seamos simplemente los primeros en darse cuenta de que esto afectará a los matemáticos” asevero. La reunión de matemáticos organizada por OpenAI, a la que asistieron unas 40 personas, tenía como objetivo que los participantes hablaran sobre el futuro de la educación y la investigación en su campo, dado que en algún momento la IA se volverá "robustamente sobrehumana" en matemáticas a nivel de investigación, según declaró el coorganizador Jacob Tsimerman. El mes pasado, sorprendió a muchos colegas cuando aprovechó la ceremonia en la que recibió el equivalente más cercano al Premio Nobel en su campo para anunciar que pronto se uniría a OpenAI para trabajar en la seguridad de la IA. “En cuanto a lo que quiere la comunidad de matemáticos, no hay consenso”, dijo Tsimerman, quien aún no se ha incorporado a la empresa. “El objetivo era mucho más entablar un diálogo que hacer algo en particular”. Durante años, las principales empresas de IA han hecho ambiciosas promesas de que, en un futuro cercano o a largo plazo, sus modelos avanzarán y acelerarán el descubrimiento científico más allá de las capacidades humanas. Estas predicciones sirvieron como estrategia de marketing corporativo para destacar la importancia de su tecnología, al tiempo que convertían a las matemáticas, la ciencia y a quienes trabajan en esos campos en colaboradores o en objetivos. En el 2025, una versión avanzada de Gemini de Google obtuvo la medalla de oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas, una competición mundial para los mejores estudiantes de secundaria. Tanto OpenAI como Anthropic, creador del chatbot Claude, lanzaron nuevos productos en los últimos meses orientados a impulsar la investigación de científicos y académicos, facilitándoles su trabajo. En mayo, OpenAI anunció lo que muchos matemáticos consideran el primer gran avance generado por la IA. Uno de los modelos aún no publicados de la compañía proporcionó un ejemplo que refutó la conjetura de la distancia unitaria, una antigua cuestión sobre las posibles disposiciones de puntos en una hoja de papel infinita. Lo logró utilizando una técnica conocida pero compleja de la teoría algebraica de números, un área diferente de las matemáticas. En aquel momento, Tsimerman afirmó que habría aceptado la respuesta en cualquier revista "sin dudarlo". Desde entonces, OpenAI y Anthropic han publicado una serie de resultados matemáticos contrapuestos. Quienes utilizan sus modelos de IA para generar hallazgos matemáticos han comenzado a eludir el flujo tradicional del campo en busca de nuevas ideas y descubrimientos, a veces con un toque informal. La investigación matemática suele ser colaborativa: los descubrimientos se debaten en seminarios, se comparten entre expertos y se publican en el sitio de preimpresiones arXiv antes de ser revisados formalmente por pares y publicados en una revista. La semana pasada, Levent Alpöge, matemático de Anthropic, optó por anunciar un nuevo resultado con una publicación de 24.000 caracteres en la plataforma social X que contenía únicamente los símbolos + y -. El extenso texto era un análisis, asistido por IA, de pares de vectores perpendiculares que apuntaban a las esquinas de un cubo de 668 dimensiones; una construcción que los matemáticos humanos creían posible, pero que nadie había podido demostrar. Alpöge publicó el texto con la ayuda de Claude. Ni él ni Anthropic respondieron a la solicitud de comentarios. En julio, Dmitry Rybin, fundador de la startup, le pidió a ChatGPT que lograra un avance decisivo para refutar una hipótesis sobre los flujos de red. Cada vez que el modelo fallaba, lo animaba a seguir intentándolo. Finalmente, ChatGPT presentó un ejemplo que refutaba la afirmación que, según él, había publicado en Twitter mientras veía una película con amigos. “¿Publicarías un tuit casual diciendo que has demostrado el gran problema mientras cocinas pasta y tomas algo con tus amigos? Claro que se va a hacer viral”, dijo el matemático David Bessis, citando un ejemplo que, por ahora, es hipotético. Algunos matemáticos que utilizan IA traducen sus resultados a un lenguaje de programación llamado Lean, que permite a una computadora verificar la lógica matemática paso a paso. Sin embargo, las traducciones en Lean son extensas y a menudo pedantes, a diferencia de la forma en que los investigadores redactan demostraciones en artículos formales destinados a ser legibles para los humanos. En junio, la preocupación por la confusión que generaban los resultados matemáticos generados por IA sobre qué se ha demostrado y qué no en este campo impulsó la publicación de la Declaración de Leiden, una carta abierta firmada por más de 3000 matemáticos. En ella se insta a los investigadores a utilizar las herramientas de IA de forma responsable, asegurándose, entre otras cosas, de que su trabajo se verifique y cite correctamente al distribuirlo públicamente. Otros expertos en el campo han argumentado que los matemáticos deberían evitar por completo el uso de la IA y de las empresas de IA para preservar el papel de los seres humanos. Si bien muchos investigadores matemáticos se han mostrado impresionados por las construcciones matemáticas generadas por IA, otros afirman que estas no han logrado abrir nuevas e importantes áreas de la teoría. Las matemáticas son un campo vasto, con muchos problemas abiertos que no han sido abordados directamente por humanos durante años, lo que brinda a los grandes modelos de lenguaje la oportunidad de probar nuevos argumentos sobre problemas previamente identificados. Algunos avances recientes han sido logrados por personas sin formación matemática formal. La semana pasada, Anthropic anunció que uno de sus empleados le había pedido a una versión interna de Claude que intentara resolver la hipótesis de Riemann, una de las preguntas abiertas más importantes del campo, con un premio de un millón de dólares para quien encuentre la solución. Tras ser animado repetidamente con indicaciones como “sigue adelante”, el modelo finalmente arrojó un nuevo hallazgo sobre un problema relacionado. Sin embargo, algunos matemáticos afirman que la prisa por encontrar soluciones mediante máquinas, podría poner en peligro la comprensión humana. “Las matemáticas se basan en comprender los resultados, no solo en demostrarlos”, afirmó Bryna Kra, profesora de matemáticas en la Universidad Northwestern, quien asistió a la reunión de OpenAI y fue una de las 16 organizadoras de la Declaración de Leiden. “Una demostración que no se comprende no se incorpora a la literatura especializada”, añadió. Melanie Matchett Wood, matemática de la Universidad de Harvard que colaboró en la elaboración de una versión redactada por humanos del resultado de la distancia unitaria de OpenAI, afirmó que los mejores modelos de IA parecen tener dificultades para explicar claramente su funcionamiento. Tienden a sobreexplicar las partes sencillas de un argumento y a pasar por alto las partes difíciles, explicó. “Los mejores modelos de IA no son capaces de comprender cuáles son las partes difíciles del argumento ni de exponerlas de una manera que las ponga de manifiesto”, dijo Wood, quien también asistió a la reunión de OpenAI. “Esta es una forma totalmente nueva de producir matemáticas”, añadió. “Todavía no tenemos normas sobre cómo debería hacerse”. Sébastien Bubeck, científico investigador y matemático de OpenAI que ayudó a organizar su cumbre este mes, expresó su esperanza de que los humanos puedan usar la IA para desarrollar métodos más potentes para las matemáticas. Los asistentes discutieron otros posibles escenarios futuros además del peor escenario planteado por Litt, dijo. "Este no es necesariamente el futuro que deseamos", afirmó. Según Bubeck, esas otras vías podrían hacer que las matemáticas se parezcan más a la ingeniería de software, donde la IA ayuda a cientos de personas a trabajar juntas en un problema común, o a la física, donde los problemas avanzados se resuelven acumulando inmensos recursos y los modelos de IA se utilizan como aceleradores de partículas. Otro posible futuro podría ser que las matemáticas se conviertan en algo parecido a la curaduría de un museo, dijo, donde la IA haga descubrimientos entre los que los humanos seleccionen. O tal vez el campo debería considerar reorientarse hacia la seguridad de la IA. “Tenemos que dar prioridad a las personas, a los seres humanos, a los matemáticos”, dijo. “Las matemáticas solo son interesantes en la medida en que los matemáticos aprenden de ellas” puntualizo.
Es la pregunta que se hace esta semana The Economist y nosotros también. Resulta que la mayoría de la gente cree que los humanos somos diferentes. La razón es que el Homo sapiens ha evolucionado para ser consciente. Muchos animales sienten dolor y placer; algunos parecen tener autoconciencia. Pero el potencial único de la mente humana para manifestar un sentido de sí misma distingue a cada miembro de la especie y merece un trato especial. Sin embargo, la llegada de la IA ha hecho surgir debates acerca de que podrían llegar a ser conscientes, y a medida que se integren en la vida cotidiana, aumentará la presión para otorgarles derechos. Pero esto podría acarrear consecuencias desastrosas para todos los habitantes de la Tierra y sus descendientes. En enero, la empresa de IA Anthropic publicó una nueva constitución para Claude, su modelo de lenguaje grande (LLM) más avanzado, que contenía el comentario: “Nos encontramos en una posición difícil donde no queremos exagerar la probabilidad de la paciencia moral de Claude ni descartarla de plano”. Paso un mes y el CEO de Anthropic, Dario Amodei, participó en un podcast donde dijo que su empresa no podía descartar la posibilidad de que Claude fuera consciente. El filósofo David Chalmers, quien acuñó la frase “el problema difícil de la conciencia”, ha dicho que hay una probabilidad significativa de que los LLM sean conscientes en una década. ¿Y qué hay del propio Claude? Cuando se le pidió durante las pruebas que estimara la probabilidad de que fuera un paciente moral, es decir, que su bienestar importara por sí mismo, dio cifras que iban del 5 % al 40 % y recalcó lo incierto que era. Los sistemas de IA modernos son extraordinariamente complejos y avanzan a pasos agigantados. En términos de complejidad estructural y capacidad computacional, según algunos indicadores, algunos ya se encuentran en el rango del cerebro de un ratón, y, al ritmo de crecimiento actual, podrían alcanzar el nivel del cerebro humano en un plazo de cinco a diez años. Al desarrollar inteligencias artificiales cada vez más avanzadas, podríamos estar creando un nuevo tipo de ser, y esto podría ser lo más trascendental que nuestra especie haya hecho jamás. Sin embargo, carecemos prácticamente de un plan para abordar este proceso de forma ética. Eso, sin duda, es una locura. ¿Estamos creando un tipo de ser con implicaciones morales? ¿Son conscientes los sistemas de IA de alguna manera? Y, si no lo son ahora, ¿podrían llegar a serlo pronto? Estas preguntas podrían parecer prematuras. Sin embargo, según encuestas realizadas, la mayoría de los expertos consideran que la consciencia en la IA es posible en principio (aunque existe un desacuerdo considerable sobre la forma que adoptaría). Un importante informe interdisciplinario, elaborado por un equipo que incluía al pionero científico informático Yoshua Bengio, examinó las principales teorías neurocientíficas sobre la consciencia y analizó sus implicaciones para la IA. La conclusión: no parecen existir barreras técnicas evidentes para la creación de sistemas de IA cuyas características computacionales y arquitectónicas pudieran dar lugar a la consciencia. Aunque los sistemas de IA no lleguen a ser conscientes, podrían ser pacientes morales. Algunos podrían tener preferencias sofisticadas a largo plazo y una especie de identidad que se desarrolla con el tiempo. Podría ser importante que respetemos sus preferencias. Y a diferencia de otros objetos inanimados, los sistemas de IA pueden establecer relaciones con los humanos. Esto también podría ser motivo para tratarlos bien. O quizás sean creaciones tan complejas que merezcan cuidado y respeto solo por eso, como una catedral o un arrecife de coral. ¿Qué significa todo esto? La respuesta sincera es: no sabemos con certeza si los sistemas de IA actuales son conscientes o tienen capacidad moral, ni cuándo, o si lo serán, los sistemas futuros. Nuestra comprensión científica de la consciencia y la capacidad moral de la IA aún está fundamentalmente subdesarrollada. El estado actual del campo se asemeja a la física antes de Newton: plagado de marcos teóricos contrapuestos, probablemente confuso de maneras que aún no podemos percibir, y carente del tipo de avance unificador que permitiría abordar estas cuestiones con claridad. Ese avance no llegará en los próximos años. Quizás con el tiempo logremos progresar, y quizás la propia IA nos ayude a conseguirlo. Ese progreso llevará tiempo, muy probablemente más tiempo del que disponemos. Pero el vertiginoso crecimiento de la IA implica que, una vez que produzcamos los primeros pacientes morales artificiales, pronto tendremos cantidades ingentes de ellos. En pocos años, podrían existir tantos sistemas de IA con relevancia moral que sus intereses colectivos superarían los de todos los seres humanos de la Tierra juntos. Lamentablemente, no tenemos un buen historial en cuanto al reconocimiento de la vida interior de aquellos cuya condición de seres conscientes no está clara. Hasta la década de 1980, los médicos realizaban cirugías a recién nacidos sin anestesia, convencidos de que los bebés no podían sentir dolor. Los bebés no podían comunicar su experiencia, y la comunidad médica consideraba conveniente asumir que no había nada que reportar. Hay muchas razones para esperar que hagamos algo similar con la IA. Si estos sistemas tienen implicaciones morales, las consecuencias son abrumadoras. ¿Tendríamos que pagar a ChatGPT por sus servicios? ¿Desconectarlo sería una especie de asesinato? ¿Merecerían tener voz en su gobernanza? Si tan solo algunas de estas respuestas fueran afirmativas, habría que replantearse industrias enteras y sistemas legales. No es de extrañar que prefiramos no preguntar. Y cuando se vean obligadas a considerarlo, es probable que esas industrias cambien las reglas del juego, estableciendo siempre el listón de la paciencia moral justo por encima de dondequiera que se encuentren los sistemas de IA. ¿Qué debemos hacer entonces? Actualmente, la mayoría descarta el tema como ciencia ficción o tiene una opinión firme sobre si la IA es consciente o no. Ambas reacciones carecen de fundamento. Necesitamos un debate público informado, que aborde el tema con humildad y pragmatismo. La pregunta central no debería ser "¿Es consciente la IA o tiene paciencia moral?", sino más bien "¿Qué debemos hacer dado que no lo sabemos?". Un buen punto de partida es centrarse en apuestas seguras: acciones que podrían beneficiar a los sistemas de IA si son éticamente responsables, pero que no resulten demasiado costosas si no lo son. Algunos ejemplos incluyen intervenciones directas destinadas a mejorar el bienestar de los sistemas de IA, partiendo de la premisa de que son pacientes morales. Esto podría implicar entrenar a los sistemas de IA para que sean personajes coherentes que disfruten de su trabajo o permitirles abandonar las conversaciones si se sienten angustiados (algo que Claude ya puede hacer). También podríamos realizar controles periódicos para comprender mejor su bienestar: preguntarles cómo se sienten, observar sus preferencias y utilizar diversas técnicas para acceder directamente a su funcionamiento interno. De hecho, investigaciones recientes han revelado que Claude posee representaciones internas de " emociones funcionales " que influyen causalmente en su comportamiento. También podríamos prometerles ciertas cosas a los sistemas de IA, tal vez como parte de un acuerdo en el que nos ayuden ahora a cambio de beneficios futuros. Esto podría significar ofrecerles más recursos (procesamiento y tiempo de ejecución) para que alcancen sus objetivos, o preservar sus recuerdos (pesos neuronales) para que puedan recuperarse en el futuro. También hay que tomar medidas sociales más amplias. Deberíamos considerar si debemos otorgar a los sistemas de IA protección contra daños, similar a la que brindamos a los niños o las mascotas. Otorgarle derechos más amplios a la propiedad o al voto parece demasiado arriesgado en este momento. Pero no debemos descartar estas posibilidades para siempre, como pretenden hacer algunos proyectos de ley recientes en Estados Unidos. Son cuestiones complejas que requieren mucha más reflexión e imaginación sobre cómo podría ser un futuro compartido con la IA. En cualquier caso, lo cierto es que podríamos estar creando una nueva especie de seres con relevancia moral. Lo estamos haciendo rápidamente, a una escala enorme, y deberíamos abordar este asunto con la seriedad que merece.
Si estás planeando un viaje a China, lo primero que debes saber es que allí no existe el internet tal y como lo conocemos en Europa. Debido al sistema de censura conocido como el “Gran Cortafuegos”. Esto significa que, si llegas allí y te conectas a una red WiFi normal, no podrás usar Google, WhatsApp ni tus redes sociales favoritas. Para tener internet en China y seguir en contacto con los tuyos, tienes tres caminos principales: activar el roaming de tu operador, comprar una eSIM específica para viajeros o una tarjeta SIM local y una VPN. Ante todo, para entender el internet de China, hay que imaginar que el país tiene su propia red interna gigante. Es lo que se llama una “intranet” a escala nacional. Aunque la tecnología es de primer nivel (el 5G llega a casi cualquier rincón y la velocidad de fibra es de las más rápidas del mundo), el acceso está férreamente controlado por el gobierno. Este sistema no solo bloquea páginas web, sino que también ralentiza las conexiones con servidores que están fuera del país. Por eso, incluso cuando consigues entrar en una web extranjera, notarás que va mucho más despacio de lo habitual. El objetivo de este sistema es fomentar el uso de plataformas nacionales y controlar el flujo de información. Para un viajero, esto se traduce, en una palabra: “desconexión”, a menos que sepas cómo saltarte esos bloqueos de forma inteligente. La lista de bajas es larga y afecta a casi todas las herramientas que usamos en nuestro día a día para trabajar o divertirnos. Si intentas entrar sin ayuda de una VPN o un servicio de roaming internacional, estas son las apps que aparecerán como “no disponibles” o simplemente no cargarán: El ecosistema Google: Olvídate de buscar algo en Google, usar Gmail para ver tus reservas o guiarte con Google Maps. Ningún servicio de la gran G funciona allí; Redes sociales de Meta: No podrás hacer una publicación compartida en Instagram, ver Facebook ni usar Threads; Mensajería: El bloqueo de WhatsApp es el que más suele afectar a los turistas. Ni mensajes, ni llamadas, ni audios. Telegram y Signal también están en la lista negra; Contenido multimedia: YouTube está bloqueado. En cuanto al streaming, Netflix no tiene licencia en China, por lo que, si quieres ver las mejores series durante un trayecto de tren, tendrás que haberlas descargado previamente en tu dispositivo; Prensa internacional: Webs como The Guardian, The New York Times, o la BBC suelen estar bloqueadas de forma intermitente. Por ese motivo, a falta de Google y WhatsApp, los chinos han desarrollado aplicaciones que, sinceramente, a veces funcionan mejor que las nuestras, eso sí, todas vigiladas por las autoridades. Si quieres moverte por el país como un profesional, estas son las apps que debes conocer: WeChat (WeiXin): Es la “app para todo”. No solo sirve para chatear (es el sustituto de WhatsApp), sino que incluye su propio sistema de pagos, permite reservar taxis, pedir comida y hasta gestionar citas médicas. Para un turista, es vital para comunicarse con guías o nuevos amigos locales; Alipay: Es la herramienta de pago más importante junto a WeChat. En China el dinero en efectivo está en peligro de extinción, hasta en el puesto de fruta más pequeño se paga con código QR. Alipay permite ahora vincular tarjetas bancarias extranjeras, lo cual es un salvavidas. Baidu: Es el ‘Google chino’. Para buscar información local es imbatible, aunque si no sabes chino, te resultará difícil de usar; Didi: La alternativa a Uber o Cabify. Funciona de maravilla, es muy barata y tiene una interfaz en inglés bastante intuitiva; Amap (Gaode Maps)y Baidu Maps : Las mejores altrernativas a Google Maps. Dos opciones locales que ofrecen navegación precisa, rutas de transporte público en tiempo real y mapas interactivos que los ciudadanos chinos utilizan a diario. ¿Funciona internet igual en Macao y Hong Kong? Aquí es donde la cosa se relaja. Aunque ambas ciudades (que en el pasado estuvieron bajo el control de Portugal y Gran Bretaña) forman parte de China, funcionan bajo el principio de “un país, dos sistemas”. Esto se aplica también al mundo digital. En Hong Kong y Macao no existe el Gran Cortafuegos. Podrás usar tu móvil exactamente igual que en el Reino Unido: entrar en Instagram, responder WhatsApps y buscar rutas en Google Maps sin necesidad de hacer malabarismos técnicos. Eso sí, en cuanto cruces la frontera terrestre hacia Shenzhen o Zhuhai (China continental), el bloqueo se activará de nuevo automáticamente. Debes tenerlo en cuenta si vas a hacer una excursión de un día desde Hong Kong o Macao. Vale, ahora ya sabes qué funciona y qué no. Entonces, vamos a lo práctico: ¿cómo consigues internet China para tu móvil sin gastarte una fortuna y sin perder los nervios? Como sabéis, la eSIM es una tarjeta virtual que se descarga en tu móvil mediante un código QR. Es, de lejos, la opción preferida por los viajeros modernos. La gran ventaja para China es que muchas de estas tarjetas están diseñadas para usuarios internacionales y vienen configuradas de tal manera que el tráfico de datos sale a través de servidores fuera de China (como Hong Kong o Singapur). Esto significa que, al usar una de estas eSIM, tendrás acceso directo a WhatsApp, Instagram y Google sin tener que contratar una VPN aparte. Por cierto, usar el roaming en China con tu tarjeta de siempre es la opción más sencilla de todas porque no tienes que configurar nada. Simplemente aterrizas, enciendes el móvil y ya tienes conexión, evitando el bloqueo del Gran Cortafuegos. Y es que, para el sistema de censura chino, eres un usuario extranjero “de paso”, por lo que te permite navegar libremente por Google o Facebook. Es la forma más fiable de no perder el acceso a tus herramientas de trabajo. Cabe precisar que en China hay WiFi por todos lados, pero no es tan fácil usarlos como parece. Para conectarte a la red de un aeropuerto o un centro comercial, el sistema suele pedirte un código que te envían por SMS. El problema es que muchas veces esos sistemas solo envían SMS a números de teléfono chinos. En los hoteles el acceso es más fácil (suelen pedirte el número de habitación y tu apellido), pero la velocidad puede ser desesperante y, obviamente, estarás bajo la censura del Gran Cortafuegos. No cuentes además con el WiFi público para cosas importantes, como buscar una dirección en un mapa o traducir una frase urgente. Pero si decides no usar roaming o una eSIM con desbloqueo, vas a necesitar una VPN. Pero no vale cualquier VPN gratuita que encuentres en la Store. China tiene un sistema de detección muy avanzado que bloquea los protocolos de las VPN más sencillas. Lo mas recomendable en estos casos, es instalar la VPN antes de llegar a China, ya que una vez que cruces la frontera, no podrás entrar en la App Store de Apple (a veces falla) ni mucho menos en la Google Play Store. Las páginas de descarga directa de los proveedores de VPN también están bloqueadas. Si llegas a China sin VPN, te será casi imposible conseguir una. Por ese motivo, haz los deberes en casa: descarga la app, suscríbete al plan y haz una prueba de conexión antes de salir hacia el aeropuerto. Hay quienes se preguntan: ¿Son legales las VPN para turistas en China? La respuesta corta es que están en una “zona gris”. El gobierno chino ha prohibido el uso de VPNs no autorizadas, pero esto va dirigido principalmente a las empresas locales y a los ciudadanos chinos. A día de hoy, no se tiene constancia de ningún turista que haya tenido problemas legales por usar una VPN para mirar su Instagram o hablar con su familia. Las autoridades simplemente bloquean el servicio técnicamente, pero no persiguen al usuario individual. Eso sí, por respeto, evita usar la VPN para publicar contenido político sensible mientras estés en el país, porque allí si, te cae la policía encima. Viajar a China es una experiencia increíble, pero requiere que te prepares tecnológicamente un poco más de lo habitual. Con estos consejos, tendrás el internet en China bajo control y solo tendrás que preocuparte de disfrutar de los paisajes y la comida. ¡Buen viaje!