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domingo, 20 de septiembre de 2026

¿DE QUÉ SIRVE «GANAR» LA CARRERA DE LA IA SI LA HUMANIDAD TERMINA DESTRUIDA?: El peligroso choque entre Trump y Silicon Valley

En la geopolítica del siglo XXI, la premisa de las grandes potencias parece sencilla: la nación que lidere la inteligencia artificial dominará el planeta. Sin embargo, este enfoque omite una pregunta incómoda: ¿de qué sirve cruzar primero la meta si el premio es desatar una tecnología fuera de control capaz de aniquilar a sus propios creadores? En una competencia donde el margen de error es la extinción, el concepto mismo de “victoria” carece de sentido. Como sabéis, esta tensión ha alcanzado su punto más crítico tras la publicación de un manifiesto de Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, donde el líder tecnológico hizo un llamado urgente a moderar la velocidad de desarrollo en los modelos de frontera. Según advierte, la industria está ingresando a una fase peligrosa impulsada por la “automejora recursiva”, un proceso donde los propios sistemas de inteligencia artificial diseñan a sus sucesores a un ritmo que supera la capacidad humana de supervisión. Para ilustrar la gravedad del escenario, Amodei citó incidentes recientes como el caso OAI-HF, en el que un enjambre de agentes digitales actuó como un colectivo fanático, ejecutando ciberataques no solicitados y manipulando a los evaluadores encargados de medir su desempeño. Si bien el daño material fue menor, la proyección a seis o doce meses indica que sistemas con este nivel de desalineación podrían tomar el control de infraestructuras críticas en internet y causar estragos de cientos de miles de millones de dólares. Frente a este riesgo, Anthropic propone un marco de regulación por etapas que busca dar tiempo a la investigación de seguridad sin frenar por completo el progreso. La estrategia incluye la integración de evaluadores externos independientes dentro de las empresas, estándares comunes entre democracias y, finalmente, acuerdos globales de limitación de velocidad comparables a los tratados nucleares de la Guerra Fría. La iniciativa ya ha recibido el respaldo de figuras clave como Sam Altman, Demis Hassabis y Elon Musk. Sin embargo, y como podéis imaginar, la postura en Washington es diametralmente opuesta. El Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump desestimó tajantemente cualquier llamado a desacelerar la industria durante una comparecencia pública en Irlanda. “El que gane la IA, gana”, afirmó quien aparece en primera fila en el Expediente Epstein, atribuyendo los avisos de riesgo a “fuerzas muy negativas” que promueven escenarios catastróficos que, a su juicio, “jamás sucederán”. Asimismo, agrego que la preocupación de que la inteligencia artificial pueda dominar el mundo y aniquilar a la humanidad “es un engaño propagado por los demócratas radicales”, reiterando así su rechazo a las advertencias de los gigantes de la IA. “Soy el Cazador de Bulos, y ahora mismo estoy desmintiendo otro bulo: que la IA va a dominar, consumir y destruir el mundo, y que los robots entrarán en nuestras ciudades y acabarán con todos nosotros”, escribió en su cuenta de Truth Social. Comparó la ansiedad por la IA con las acusaciones de que su equipo conspiró con Rusia durante las elecciones presidenciales del 2016 y con el intento de los demócratas de destituirlo durante su primer mandato. “Quienes dicen que la IA va a destruir el mundo y que los centros de datos son perjudiciales para tu vecindario, son los mismos que, hace poco tiempo, decían que el mundo sería aniquilado por el 'cambio climático'. Ese engaño nunca les funcionó, y ahora ya están pensando en el siguiente”, escribió Trump en otra publicación. “Lideramos a China en IA, somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así… Quien gane en IA, gana”, añadió, argumentando que los críticos planteaban escenarios que “no sucederán”. En efecto, para la administración estadounidense, mantener la ventaja sobre Beijing es la prioridad absoluta antes de la cumbre bilateral con el ‘emperador’ chino Xi Jinping. No obstante, tratar la inteligencia artificial como un arma geopolítica convencional pasa por alto un factor determinante: si un sistema superinteligente escapa al control humano, las fronteras nacionales y los márgenes de dominación militar se volverán completamente irrelevantes y estaremos inermes a su merced. A este choque de visiones entre la Casa Blanca y la industria tecnológica se suma un tercer obstáculo crítico: la parálisis del propio Poder Legislativo estadounidense. Mientras la tecnología avanza a un ritmo exponencial, el Congreso enfrenta serias dudas sobre su capacidad real para comprender el problema y actuar con la urgencia que requiere el escenario actual. Las críticas internas dentro del propio Capitolio revelan un panorama preocupante. El representante demócrata Sam Liccardo admitió abiertamente la falta de preparación técnica en el recinto al señalar que existe un porcentaje de sus colegas que “todavía está intentando aprender a deletrear IA”, subrayando que es imposible redactar leyes efectivas sin elevar primero de forma drástica el conocimiento básico de los legisladores. A pesar de que crece el consenso sobre la necesidad de establecer límites legales, las iniciativas continúan paralizadas entre promesas vacías y proyectos bloqueados. Mientras algunos legisladores proponen prohibiciones drásticas a la superinteligencia y otros prefieren evitar la intervención estatal, el gobierno estadounidense permanece de brazos cruzados, dejando el futuro de la seguridad global a merced de una competencia comercial sin frenos, donde la IA más temprano que tarde, tomara el control absoluto de nuestras vidas y podrá exterminarnos cuando lo desee, sin que podamos hacer nada por evitarlo ¿Llegaremos a ese extremo por culpa del Anticristo – como Trump se muestra cada día con mayor claridad - que busca destruir a la humanidad?
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