En la actualidad, el acceso a internet se ha convertido en un elemento indispensable para la vida cotidiana, facilitando el trabajo, la educación y el entretenimiento de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, garantizar una conexión estable y de alta velocidad sigue siendo un desafío en muchas regiones remotas. En este escenario, la conectividad satelital emergió como una solución clave, con Starlink a la cabeza de la innovación. Pero ahora una nueva iniciativa china amenaza con transformar el equilibrio del mercado y redefinir la competencia en este sector estratégico. Como sabéis, la creciente demanda de internet rápido y confiable ha generado una feroz competencia entre las empresas que buscan expandir su infraestructura satelital. China ha ingresado con fuerza en esta carrera con un ambicioso proyecto que no solo pretende igualar a Starlink, sino incluso superarlo. Con una inversión considerable y un plan de expansión global bien definido, este nuevo sistema podría marcar un antes y un después en la industria de telecomunicaciones. En efecto, China ha irrumpido en el sector con el lanzamiento de SpaceSail, una empresa con sede en Shanghái que busca posicionarse como un competidor serio en el ámbito de la conectividad satelital. La compañía ya ha establecido acuerdos en países estratégicos como Brasil y Kazajistán, con el objetivo de ofrecer una alternativa eficiente para proporcionar internet en zonas de difícil acceso y en situaciones de emergencia. Los pilares de la estrategia de SpaceSail incluyen: 1.-Infraestructura de satélites en órbita baja (LEO): En una primera fase, la empresa planea desplegar 648 satélites, con la meta de alcanzar una constelación de 15.000 unidades para el 2030; 2.- Expansión acelerada: Mientras Starlink cuenta con aproximadamente 7.000 satélites y aspira a llegar a 42.000, SpaceSail busca consolidar su presencia con un crecimiento agresivo en menos tiempo; 3.- Inversión y respaldo financiero: En el 2024, la empresa obtuvo un financiamiento de 6.700 millones de yuanes gracias a un fondo estatal, fortaleciendo su capacidad de producción y desarrollo tecnológico. Sin embargo, todo ello tiene implicaciones globales y desafíos geopolíticos. En efecto, el avance de esta tecnología china ha generado inquietudes en diversas regiones, especialmente en Occidente. La posibilidad de que China expanda su infraestructura satelital a gran escala ha encendido alarmas en sectores políticos y de seguridad, que temen un aumento en la influencia del gobierno de Beijing sobre la conectividad a nivel mundial. A medida que la competencia en el espacio se intensifica, la industria de telecomunicaciones global se enfrenta a un nuevo panorama en el que la innovación, la inversión y las estrategias de expansión jugarán un papel fundamental en la configuración del futuro del internet satelital. La batalla por la conectividad no ha hecho más que empezar. Como podéis imaginaros, el auge de esta tecnología ha generado preocupación en Occidente. Por ello, la posibilidad de que China amplíe su infraestructura satelital a gran escala ha encendido las alarmas en algunos sectores políticos, que temen una mayor influencia del gobierno de Beijing sobre la conectividad global…. Mejor que se vayan acostumbrando.
Como recordareis, hace unos días el presidente estadounidense Donald Trump se ofreció para ser el nuevo Pontífice de la Iglesia Católica como sucesor del hereje Francisco I, esperando ser elegido en el Cónclave que se inicia esta semana en El Vaticano. En efecto, el pasado martes en la Casa Blanca, cuando se le pregunto sobre quién le gustaría que sucediera al papa recientemente fallecido, respondió: “Me gustaría ser el papa. Esa sería mi primera opción” asevero. Dicho comentario suscitó una rápida reacción en las redes sociales y entre los expertos. El senador republicano y aliado de Trump, Lindsey Graham, les pidió a los miembros del Cónclave que estuvieran abiertos a la elección de Trump como el próximo papa. Graham manifestó que el presidente era “un candidato inesperado” tras la muerte del papa Francisco. “Me emocionó haber escuchado que el presidente Trump está abierto a la idea de ser el próximo papa”, escribió Graham en una publicación en X/Twitter el martes acompañado del fragmento de video de Trump. Y agregó: “Realmente, este sería un candidato inesperado, ¡pero les pediría al cónclave papal y a los fieles católicos que estén abiertos a esta posibilidad!”. “La primera combinación papa-presidente de Estados Unidos tiene muchos aspectos positivos”, añadió Graham. Concluyó: “Atentos al humo blanco… Trump MMXXVIII!” Sin embargo, las posibilidades de que Trump sea papa no son muchas. Según el derecho canónico, cualquier varón católico bautizado puede ser elegido papa. Pero cabe precisar que casi todos los papas de la historia moderna han sido miembros del Colegio de Cardenales. De hecho, los cardenales “suelen elegir a un papa conocido por su profunda fe, su fuerte liderazgo y su experiencia en la gobernación de la Iglesia”, según información de Catholic.org. Tras proponerse a sí mismo, Trump mencionó a Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, como posible candidato. “No tengo ninguna preferencia. Debo decir que tenemos un cardenal que resulta ser de un lugar llamado Nueva York que es muy bueno, así que veremos qué pasa”, comentó. Pero los expertos dicen que es poco probable que el mandatario estadounidense ejerza alguna influencia en el proceso de selección, y mucho menos que se convierta él mismo en el próximo papa. Sin embargo, Trump no se da por vencido y fiel a su estilo, acaba de publicar en su cuenta de Truth Social, una imagen suya vistiendo las ropas papales. Una provocación que llega a pocos días del inicio del Cónclave en el Vaticano, a modo de presión a los cardenales que van a participar en la elección del nuevo papa. La imagen, claramente realizada con inteligencia artificial, era una respuesta a los numerosos comentarios que surgieron tras las declaraciones que Trump el pasado martes. El post fue compartido posteriormente por la cuenta de la Casa Blanca. Por lo visto, el mandatario estadounidense sigue queriendo hacerse el centro de la atención mediática, incluso cuando se trata de una tradición centenaria que nada tiene que ver con Estados Unidos. La última vez que Trump estuvo en el Vaticano fue para asistir con su esposa Melania al funeral del papa, con quien nunca se ha llevado bien por la posición herética del finado, alejado del Dogma de la Iglesia. Venga ya, a pesar de que su opinión de querer ser el nuevo papa podría ser tomada como una broma, sin duda alguna lo haría mejor que el comunista ese que ya está en el hoyo ¿no lo creen ustedes?
Como sabéis, en toda China las fábricas se están automatizando a un ritmo vertiginoso. Con ingenieros y electricistas que se ocupan de flotas de robots, estas operaciones están reduciendo el costo de fabricación además de mejorar la calidad. Como resultado, las fábricas chinas podrán mantener más bajos los precios de muchas de sus exportaciones, lo que le dará una ventaja en la lucha contra la guerra comercial y los elevados aranceles del presidente Donald Trump. China también enfrenta nuevas barreras comerciales por parte de la Unión Europea y de países en desarrollo que van desde Brasil e India hasta Turquía y Tailandia. En la actualidad, las fábricas de China están más automatizadas que las de Estados Unidos, Alemania o Japón. Según la Federación Internacional de Robótica, China tiene más robots industriales por cada 10.000 trabajadores del sector manufacturero que cualquier otro país, a excepción de Corea del Sur o Singapur. El impulso de China hacia la automatización ha estado signado por directrices gubernamentales y respaldado por enormes inversiones. Y, a medida que los robots sustituyen a los trabajadores, la automatización posiciona a China para seguir dominando la producción en masa, incluso mientras su fuerza laboral envejece y muestra menos disposición a aceptar trabajos industriales. He Liang, fundador y director ejecutivo de Yunmu Intelligent Manufacturing, uno de los principales productores chinos de robots humanoides, comentó que China se estaba esforzando por convertir la robótica en todo un nuevo sector empresarial. “La expectativa para los robots humanoides es crear otra industria del automóvil eléctrico”, dijo. “Así que, desde esta perspectiva, se trata de una estrategia nacional”. Los robots no solo están sustituyendo a los trabajadores en las fábricas de automóviles, sino incluso en los miles de talleres pequeños de China. En el taller de Elon Li en Cantón, el núcleo comercial del sureste de China, hay 11 trabajadores que cortan y sueldan metal para fabricar hornos y equipos para asar carne asequibles. Ahora se dispone a pagar 40.000 dólares a una empresa china por un brazo robótico con cámara. El dispositivo usa inteligencia artificial para observar cómo un trabajador suelda los laterales de un horno, y luego reproduce la acción con mínima intervención humana. Hace apenas cuatro años, ese sistema solo estaba disponible con empresas extranjeras de robots y costaba casi 140.000 dólares. “Antes, nunca habría imaginado invertir en automatización”, dijo Li, añadiendo que un empleado humano “solo puede trabajar ocho horas al día, pero una máquina puede trabajar 24 horas”. Las empresas más grandes apuestan mucho más por la automatización. En Ningbo, una enorme planta de Zeekr, un fabricante chino de coches eléctricos, tenía 500 robots cuando se inauguró hace cuatro años. Ahora hay 820 y se planea incorporar muchos más. Carros robotizados, que alegremente entonan melodías para advertir a las personas de su presencia, transportan lingotes de aluminio a un ascensor automatizado que eleva los bloques de metal hasta un horno situado en la parte superior de una máquina de fabricación china de 12 metros de altura. Una vez fundido, el aluminio se moldea en forma de diversos paneles de carrocería y otros componentes. Más carros robotizados, y uno que otro humano conduciendo un montacargas, llevan los componentes a un almacén. Otros robots trasladan los paneles a la cadena de montaje, donde cientos de brazos robóticos, trabajando en equipos de hasta 16, interpretan una compleja danza para soldarlos y convertirlos en carrocerías. La zona de soldadura es una de las llamadas fábricas oscuras, lo que significa que los robots pueden funcionar sin trabajadores y con las luces apagadas. Cabe precisar que las fábricas chinas aún emplean a muchos trabajadores. Incluso con la automatización, estos son necesarios para hacer control de calidad e instalar algunas piezas que requieren destreza manual, como los arneses de cables. Hay cosas que las cámaras y las computadoras no pueden hacer sin ayuda. Antes de que los autos sean pintados, los trabajadores aún pasan sus manos enguantadas sobre ellos y lijan cualquier pequeña imperfección. Sin embargo, algunos de los últimos pasos del control de calidad también se están automatizando con la ayuda de inteligencia artificial. Cerca del final de la cadena de montaje de Zeekr, más de una decena de cámaras de alta resolución toman fotos de cada coche. Computadoras comparan las imágenes con una extensa base de datos de vehículos montados de manera correcta y alertan al personal de la fábrica si se encuentra alguna discrepancia. La tarea se realiza en cuestión de segundos. “Casi todo el trabajo de nuestros colegas consiste en sentarse delante de un monitor de computadora”, comentó Pinky Wu, una empleada de Zeekr. Por cierto, Zeekr y otros fabricantes de automóviles chinos también están usando inteligencia artificial para diseñar coches y sus características de manera más eficiente. Carrie Li, una diseñadora que trabaja en el nuevo edificio de oficinas de Zeekr en Shanghái, utiliza IA para analizar cómo se combinarán las distintas superficies interiores de un auto. “Tengo más tiempo libre para abrir mi mente y explorar qué tipo de tendencias de moda se pueden incluir en el interior de los coches”, dijo Li. Las fábricas de automóviles de Estados Unidos también utilizan automatización, pero gran parte del equipo procede de China. La mayoría de las plantas de ensamblaje de automóviles del mundo construidas en los últimos 20 años estaban en China, y se desarrolló una industria de automatización en torno a ellas.Las empresas chinas también compraron proveedores extranjeros de robótica avanzada, como Kuka, de Alemania, y trasladaron gran parte de sus operaciones a China. Cuando Volkswagen abrió hace un año una fábrica de vehículos eléctricos en Hefei, tenía un solo robot procedente de Alemania, y 1074 robots eran fabricados en Shanghái. El rápido avance de China en la robótica industrial ha sido impulsado de arriba hacia abajo. La iniciativa de Pekín “Hecho en China 2025”, que comenzó hace una década, estableció 10 industrias en las que China pretendía ser competitiva a escala mundial. La robótica era una de ellas. Para obligar a la industria automovilística a pensar en maneras de utilizar robots humanoides con dos brazos y dos piernas, por ejemplo, funcionarios del gobierno de Pekín dijeron el año pasado a los principales fabricantes de automóviles que alquilaran robots y presentaran videos de ellos realizando tareas en sus plantas de ensamblaje. Se requerían muchas tomas para que los videos salieran bien. Los robots solo hacían tareas básicas, como clasificar piezas de automóviles en un almacén. No obstante, la iniciativa ha ayudado a impulsar a los fabricantes de automóviles. Como muestra del empuje de la automatización, el gobierno municipal de Pekín organizó el pasado sábado una media maratón para 12.000 corredores y 20 robots humanoides. Solo seis robots llegaron a la meta, y el más rápido tardó casi tres veces más que los humanos más rápidos. Sin embargo, el evento ayudó a atraer la atención hacia los robots. El mes pasado, el primer ministro Li Qiang, el segundo funcionario más importante de China, dijo en su informe anual al poder legislativo que los planes del país para este año incluirían un esfuerzo para “desarrollar vigorosamente” robots inteligentes. La principal agencia de planificación económica del país anunció un fondo nacional de capital de riesgo para robótica, inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas, dotado con 137.000 millones de dólares. De otro lado, los bancos chinos controlados por el gobierno han aumentado los préstamos al sector industrial en los últimos cuatro años en la asombrosa cifra de 1,9 billones de dólares. Con eso se ha pagado la construcción de fábricas, así como la sustitución de equipos en las ya existentes. Las universidades chinas producen alrededor de 350.000 licenciados en ingeniería mecánica al año, así como electricistas, soldadores y otros técnicos calificados. En comparación, unos 45.000 ingenieros mecánicos se gradúan de universidades estadounidenses cada año. Jonathan Hurst, director de robótica y cofundador de Agility Robotics, uno de los principales fabricantes estadounidenses de robots, dijo que uno de sus mayores retos había sido encontrar empleados cualificados. Cuando era estudiante de posgrado en el Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, comentó Hurst, él era uno de dos ingenieros mecánicos que había. Pero la rápida adopción de la automatización por parte de China preocupa a algunos trabajadores chinos. Geng Yuanjie, de 27 años, conduce un montacargas en la fábrica de Zeekr, donde trabaja desde hace dos años. Dijo que en la fábrica de Volkswagen donde trabajaba antes había muchos menos robots. Ahora, rodeado de robots, tiene pocos compañeros con los que hablar durante sus turnos de 12 horas. “Puedo sentir la tendencia hacia la automatización”, dijo Geng mientras observaba cómo un carro robot arrastraba un estante con piezas de automóvil junto a su montacargas. Dijo que sus estudios de bachillerato podrían no ser suficientes para acceder a clases de programación de robots, y le preocupaba la posibilidad de perder su empleo a manos de un robot. “No solo es algo que me preocupe a mí. A todo el mundo le preocupa”, dijo Geng. La automatización ha amenazado e incluso eliminado empleos en todo el mundo durante más de un siglo, lo que a menudo ha frenado su avance. En China, hay menos obstáculos que en casi cualquier otro lugar. Ahí no existen sindicatos independientes, y el control del Partido Comunista casi no deja lugar a la disidencia. Otro factor que impulsa la automatización en China es la crisis demográfica del país. La cantidad de bebés que nacen cada año se ha reducido en casi dos tercios desde 1987. Al mismo tiempo, dos tercios de las personas que cumplen 18 años se matriculan ahora en universidades o institutos, una trayectoria educativa que ha permitido que una nueva generación aspire a estudiar carreras fuera del trabajo en las fábricas. “El dividendo demográfico de China se ha acabado”, afirmó Stephen Dyer, jefe de la división industrial para Asia en AlixPartners, una firma de consultoría. “Ahora enfrentan un déficit demográfico, y la única forma de salir de eso es la productividad” puntualizo.
OpenAI, una empresa con sede en San Francisco mejor conocida por ChatGPT, habría estado trabajando en una nueva aplicación de redes sociales similar a la X de Elon Musk. El prototipo inicial presenta un feed centrado en imágenes generadas por IA, según fuentes familiarizadas con el proyecto citadas por The Verge. Según se informa, la plataforma experimental incluye un canal de redes sociales y se está probando internamente. El director ejecutivo, Sam Altman, también ha estado buscando comentarios privados de personas externas a la empresa, según informó el medio. Aún no está claro si OpenAI planea lanzar el proyecto como una aplicación independiente o integrarlo en ChatGPT, que fue la aplicación más descargada a nivel mundial el mes pasado, con 46 millones de nuevas descargas, según Appfigures. La posible red social de OpenAI "probablemente intensificaría la ya encarnizada rivalidad de Altman con Elon Musk", escribe The Verge. Musk fue cofundador de OpenAI, pero dejó la compañía en el 2018. En febrero, Musk ofreció 97.400 millones de dólares para adquirir OpenAI, pero Altman rechazó la oferta, diciendo, según The Verge , "no, gracias, pero compraremos Twitter [ahora conocido como X] por 9.740 millones de dólares si lo desea". El anuncio de OpenAI también coloca a la compañía en competencia directa con otras gigantes tecnológicas, como Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp. Según los informes, Meta también está desarrollando su propia plataforma social impulsada por IA, lo que provocó que Sam Altman se pronuncie en redes sociales, comentando sobre la posibilidad de que OpenAI lance una aplicación social similar a la de Meta: "Bueno, de acuerdo, quizá hagamos una aplicación social". Este contexto hace evidente que OpenAI no solo compite con Elon Musk, sino también con Mark Zuckerberg, quien está apostando fuertemente por la inteligencia artificial generativa. Meta, en particular, está en proceso de agregar un “feed social” a su próxima aplicación independiente diseñada para su asistente de IA. Este movimiento refuerza la idea de que las redes sociales del futuro estarán profundamente integradas con tecnologías de inteligencia artificial, que permiten una experiencia personalizada y dinámica, algo que OpenAI podría ofrecer con su propia plataforma. La capacidad de generar contenido de manera más eficiente y dirigida a los intereses específicos de los usuarios podría ser una de las características claves que diferencie a OpenAI en el mercado. Según The Verge, contar con una plataforma de redes sociales permitiría a OpenAI recopilar datos únicos de los usuarios en tiempo real para mejorar sus modelos de IA, de forma similar a como funcionan actualmente Meta y xAI de Musk. Las plataformas sociales como X y Meta ya cuentan con vastas cantidades de datos generados por los usuarios, lo que les permite entrenar y perfeccionar sus modelos de IA. Musk ha fusionado su empresa de IA xAI con X. Por su parte, Grok es un chatbot desarrollado por xAI. Se ha integrado con X y extrae contenido de la plataforma para fundamentar sus respuestas. Según una fuente de otro laboratorio de inteligencia artificial citada por The Verge, “La integración de Grok con X ha puesto a todos celosos”, particularmente en lo que respecta a su función de ayudar a los usuarios a crear contenido viral. Al lanzar su propia red social, OpenAI podría obtener datos similares, lo que le permitiría mejorar aún más sus modelos de IA, como ChatGPT y otras aplicaciones, proporcionando así una ventaja competitiva frente a otros actores en el mercado. La generación de contenido dentro de una red social también plantea un escenario en el que la inteligencia artificial podría ayudar a los usuarios a crear publicaciones más atractivas y relevantes. En este contexto, la colaboración entre humanos y máquinas redefiniría la creación de contenido en las redes sociales, llevándola a un nivel más sofisticado y eficiente.
Como sabéis, el Santo Sudario de Turín ha generado controversia durante siglos, y muchos afirman que incluso se puede ver el contorno del rostro de Cristo en él. Otros lo descartan habitualmente como “una falsificación”, pero la nueva tecnología empleada por científicos italianos sugiere que el lienzo de 4,2 metros en efecto, podría datar de la época de Cristo. Y ahora, se ha utilizado la Inteligencia Artificial (IA) para reinterpretar la enigmática reliquia sagrada y revelar el verdadero rostro de Jesús. Para ello, The Daily Express utilizó el innovador generador de imágenes de IA Midjourney para crear una simulación del rostro tras el sudario. Las imágenes muestran a Cristo con una larga cabellera suelta y barba, similar a muchas representaciones clásicas suyas. Asimismo, presenta cortes y raspaduras en el rostro y el cuerpo, lo que indica que acababa de ser asesinado. Aunque los escépticos creen que un artista desconocido del siglo XIV falsificó el Santo Sudario “usando pintura en polvo sobre una escultura o el cuerpo de una modelo”, muchos creyentes están convencidos de que el rollo de tela fue de alguna manera imprimió la imagen de Cristo al momento de la resurrección. En la década de 1980, un polémico análisis de radiocarbono determinó que la tela utilizada para crear el sudario databa de mediados del siglo XIV, poco antes de que comenzara su historia documentada. Pero el Dr. Liberato de Caro del Instituto de Cristalografía de Italia, utilizando un nuevo método conocido como dispersión de rayos X de gran angular, ha afirmado sensacionalmente que la tela es una buena coincidencia con una muestra similar que se ha confirmado que proviene del asedio de Masada, Israel , en el 55-74 d.C. El Dr. de Caro ha puesto en duda la precisión de la datación por carbono. Escribió: “Los mohos y las bacterias que colonizan las fibras textiles, así como la suciedad o los minerales carbonados, como la piedra caliza, adheridos a ellas en los espacios vacíos entre las fibras, que a nivel microscópico representan aproximadamente el 50 % del volumen, pueden ser muy difíciles de eliminar por completo durante la fase de limpieza de la muestra, lo que puede distorsionar la datación”. Agregó que, debido a que la técnica de dispersión de rayos X no es destructiva - a diferencia del carbono 14 - la misma muestra podría ser analizada por laboratorios de todo el mundo, lo que ayudaría a confirmar sus hallazgos. En apoyo adicional a sus afirmaciones, el Dr. de Caro señaló que pequeñas partículas de polen de Medio Oriente se habían alojado entre las fibras del lino, descartando la creencia común de que el sudario es una falsificación europea. Si bien no hay evidencia sólida de que el Sudario existiera antes de mediados del siglo XIV, se sabe que una reliquia similar fue robada de una iglesia en Constantinopla por los cruzados un siglo antes. El Santo Sudario presenta la imagen fantasmal de un hombre de aproximadamente seis pies de altura con heridas que corresponden a azotes y crucifixión. Con la invención de la fotografía a finales del siglo XIX, el sudario fue fotografiado, revelando sorprendentemente que la imagen en negativo era mucho más vívida que la descolorida "marca de quemadura" visible a simple vista. A lo largo de los años, varios escépticos han intentado recrear esta imagen centenaria, con resultados dispares. Si bien es probable que el objeto haya sido creado por un falsificador no identificado a mediados del siglo XIV, quien lo creó habría demostrado una habilidad notable, casi sobrenatural. Varios papas han respaldado la Sábana Santa de Turín como reliquia milagrosa, incluido el Papa Juan Pablo II y el Papa Francisco I en el 2013, pero la Iglesia Católica en su conjunto no tiene una posición oficial sobre su autenticidad. Sin embargo, este descubrimiento confirma definitivamente como era el rostro del Salvador, el cual es tal como siempre lo hemos conocido, desechando algunas disparatadas teorías sin sustento alguno que pretenden mostrarlo de otra manera. El enigma - a pesar e que no le guste a algunos - llegó a su fin.
Como sabéis, el presidente estadounidense Donald Trump bautizo el miércoles 1 de abril como el “Día de la Liberación” dando a conocer en su discurso en la Casa Blanca una serie de mega aranceles que serán aplicados a todos los países del mundo - transformando el orden global como lo conocemos - como una vía para proteger su industria nacional. De acuerdo a su plan, el uso expansivo de gravámenes hará que las fábricas vuelvan a trasladar la producción a Estados Unidos y generar una “nueva era dorada para la economía” del país. Pero detrás de esa promesa se esconde un movimiento que amenaza con sacudir los cimientos del sector tecnológico a nivel mundial. La mayoría de los gigantes de la industria en EE. UU., como Apple o Nvidia, dependen en gran medida de los países a los que se aplican fuertes aranceles para fabricar sus dispositivos, ensamblar sus componentes o mantener los costes bajo control. Esta medida incluye un arancel base del 10% para todas las importaciones, con tarifas específicas más elevadas para ciertos países: 32% para Taiwán —excluyendo semiconductores—, 46% para Vietnam y 26% para India, entre otros. El caso de China es todavía más alarmante, ya que los nuevos gravámenes del 34% se suman a las tasas del 20% que ya estaban vigentes. La medida es vista como una ofensiva directa contra el gigante asiático, al que Trump acusa de “robar la tecnología y la industria de Estados Unidos”. India se libra parcialmente, con un gravamen menor, del 26%, lo que podría reforzar su posición como nuevo centro de producción para compañías como Apple o Google. Como podéis imaginar, la decisión de Trump no ha tardado en verse reflejada en las acciones de las Big Tech. Empresas como Apple, Amazon y Nvidia experimentaron caídas tras el anuncio, reflejando la preocupación del mercado. Y no es de extrañar: la compañía de Cupertino, por ejemplo, depende en gran medida de la manufactura en China - ensambla la mayoría de sus iPhone en fábricas chinas gestionadas por Foxconn - y Vietnam, lo que podría incrementar sus costes operativos. Esto, irremediablemente, tendrá un impacto en los bolsillos de los usuarios. Según datos de la industria, Foxconn ensambla más de 50 millones de iPhone al año, dispositivo que supone más de la mitad de los ingresos globales de Apple. La firma de Cupertino había comenzado a diversificar parte de su producción hacia India y Vietnam, moviendo la fabricación de productos como los iPad, los Apple Watch o los AirPods. Pero el anuncio de Trump podría forzar una aceleración de estos planes. Trump también ha eliminado la exención “de minimis”, que permitía importar productos valorados en menos de 800 dólares desde China o Hong Kong sin pagar aranceles. Este cambio afecta directamente al modelo de negocio de plataformas como Temu, Shein, eBay, Etsy o Amazon, que aprovechaban ese vacío fiscal para ofrecer precios muy competitivos. La medida podría encarecer miles de productos que los consumidores compran online y cambiar por completo la dinámica del comercio electrónico internacional. ¿Qué productos tecnológicos podrían encarecerse por los aranceles de Trump? Además del mencionado caso de Apple y sus iPhone, o del efecto en la cesta de la compra cuando buscamos productos en Amazon, Temu o Shein, hay un caso que ha sido sonado y que ha recogido hasta el propio Financial Times: el de la nueva Nintendo Switch 2. Sucede que Nintendo acaba de presentar oficialmente su nueva consola Switch 2. Aunque la compañía japonesa había trasladado parte de su producción desde China a Vietnam hace poco más de un año para evitar las tensiones comerciales previas, y también produce en Camboya algunos accesorios, los nuevos aranceles de Trump vuelven a ponerla contra las cuerdas. Esto significa que el precio de venta de la Switch 2 en Estados Unidos podría subir significativamente respecto a las previsiones iniciales, ya que los costes logísticos, fiscales y de importación serán mucho más altos que hace apenas unos meses. Por si los aranceles a países productores no fueran suficientes, la administración Trump ha subido la apuesta este 2 de abril con nuevas tarifas específicas para sectores clave de la industria manufacturera. El mensaje es claro: Estados Unidos va a ser proteccionista también con los materiales esenciales para fabricar tecnología. Uno de los anuncios más polémicos ha sido el arancel adicional del 25% al aluminio, un componente presente en carcasas de ordenadores, chasis de sobremesa, sistemas de refrigeración líquida (AIO), disipadores, estructuras de portátiles y carcasas de consolas. Fabricantes de tarjetas gráficas, como Nvidia o AMD, y de equipos preensamblados ya alertan de una inminente subida de precios que afectará al usuario final. Pero el aluminio es solo el principio. La lista de materias primas afectadas por los nuevos aranceles incluye otros elementos como tierras raras, litio, cobalto, silicio o acero. Se trata de materiales críticos en la fabricación de procesadores, pantallas, baterías, memorias, placas base, sensores, chips y componentes optoelectrónicos, lo que implica que cualquier producto electrónico moderno se verá afectado de forma directa. Más allá del impacto directo sobre las empresas, economistas y analistas advierten de los riesgos macroeconómicos. La decisión de Trump podría aumentar la inflación global, dificultar el acceso a tecnología y ralentizar la innovación. Y, a medio plazo, fragmentar aún más la economía global. Es decir: lo que los expertos vaticinan es que vamos a ver una subida generalizada e impresionante de los precios, tanto en el sector tecnológico como en prácticamente todos los ámbitos económicos. Desde consolas hasta smartphones, desde componentes hasta software en la nube, desde dispositivos básicos hasta infraestructura crítica: todo va a costar más… Y esto es solo el comienzo, ya que según los analistas, este agresivo paquete de aranceles es solo el primer paso de una compleja estrategia bautizada como el 'Acuerdo de Mar-a-Lago', que buscaría forzar un nuevo paradigma económico mundial, depreciar el dólar y renegociar la deuda estadounidense. La teoría fue concebida en junio del 2024 por el economista húngaro-estadounidense Zoltan Poszar, que arrojó la idea de que Washington podría coaccionar a países aliados a aceptar esos objetivos presionándoles con amenazas como la aplicación de gravámenes comerciales o la expulsión del paraguas de seguridad estadounidense. En septiembre un analista de inversiones llamado Steven Miran empleó ese pensamiento para articular una estrategia más exhaustiva que pasó prácticamente desapercibida hasta que en diciembre Trump decidió nominar al propio Miran para presidir su Consejo de Asesores Económicos. El plan argumenta que la fortaleza del dólar, convertido en divisa de referencia de las reservas de los bancos centrales de todo el mundo, está detrás de la destrucción de empleo y la desinversión que ha encajado durante décadas el sector manufacturero estadounidense. Trump se ha propuesto revivir ese sector que desde los 70 ha perdido fuerza ante la deslocalización y la globalización, pero cuya promesa de devolver al brillo de antaño permitió al republicano captar millones de votos en las presidenciales del 2016 y el 2024. Según esta teoría, la destrucción del tejido industrial y la pérdida de competitividad han dejado a EEUU expuesto a depender de las importaciones y a resignarse a aceptar las mercancías de mercados exteriores como China, que además mantiene su divisa artificialmente devaluada para inflar su músculo manufacturero. A este panorama se suma una de las grandes obsesiones trumpistas; el coste excesivo que Washington soporta para apoyar militarmente a sus aliados en el mundo y cuyo incremento anual corre paralelo al crecimiento de la deuda pública estadounidense. La activación de aranceles de manera generalizada sería uno de los primeros pasos para solventar este problema, según la teoría de Miran en el 'Acuerdo de Mar-a-Lago', que Poszar bautizó así inspirándose en el 'Acuerdo del Plaza' de 1985, un encuentro en el hotel Plaza de Nueva York en el que EEUU, Reino Unido, Francia, Japón y Alemania convinieron debilitar el dólar. Esgrimiendo la posibilidad de rebajar los aranceles y amenazando con el fin de su protección militar, Washington tendría poder negociador para exigir que algunos países 'desdolaricen' sus reservas y canjeen sus bonos del Tesoro por títulos a 100 años o sin vencimiento no negociables que a la postre aligeren el coste de financiamiento de EEUU. Todo el que no acepte las exigencias estadounidenses quedaría expuesto a amenazas militares (en el caso de los aliados tradicionales de Washington) y a un copioso volumen de tarifas aduaneras anunciadas el 2 de abril, las más altas desde 1908. A partir de aquí los gravámenes que queden en pie contribuirían por una parte a desincentivar las importaciones de determinados países y a incrementar la inversión de capital extranjero en suelo nacional, reavivando el músculo industrial de la decadente ex- primera economía mundial. Pese a no tener carácter oficial y constituir un esquema que pondría en riesgo el paradigma económico de los últimos 80 años, Miran sigue asesorando a Trump y el rumbo marcado esta semana por el mandatario, que sorprendió con unos aranceles más altos de lo esperado, cada vez más expertos en Wall Street se toman en serio la posibilidad de que el 'Acuerdo de Mar-a-Lago' sea un manual para un nuevo mundo, así también afecte a las magnates tecnológicos que lo arroparon en su asunción al mando - Musk, Bezos, Pichai y Zuckerberg - que han tenido billones de dólares en pérdidas. Los no presentes aquel día también están sufriendo en sus carnes los rigores de la nueva política comercial internacional de la administración Trump. Es el caso de Apple, que desde el jueves pierde un 18,09%, aproximadamente 632.320 millones de dólares. En tanto, Microsoft, la compañía fundada por Bill Gates, tampoco levanta cabeza con Trump: ha perdido un 16,09% de su valor (cerca de 512.892 millones de dólares). Pero la tecnológica Nvidia sufre un batacazo de época: desde la toma de posesión de Trump, su valor ha caído un 31,49% (que puede traducirse en 1,05 billones de dólares. En total, los llamados Siete Magníficos del sector tecnológico acumulan pérdidas de 4,2 billones de dólares con las políticas de Trump, al que varios de los nombrados apoyaron para volver a la Casa Blanca... Ellos también deben sacrificarse, para que EE.UU. “vuelva a ser grande otra vez”